“Después del sexo me visto rápido para que no se me vean las estrías”. “No puedo relajarme cuando estoy con alguien más joven, siento vergüenza de mi cuerpo”. “No me gustan mis pechos y eso me impide disfrutar de las caricias”.

Hace poco, una de las figuras más bellas de la farándula local, Sol Pérez, de 23 años, dijo públicamente que no se siente conforme con su cuerpo. ¿Qué queda entonces para el resto de las mujeres? ¿Cuál es el sentido de perseguir un ideal de belleza utópico?

Más allá de las formas de belleza impuestas desde el exterior, cada uno debe descubrir cuál es la propia. Y cada etapa de la vida nos invita a mirarnos, a ver, a aceptar e integrar los cambios corporales al desarrollo personal.

En los últimos tiempos, movimientos de liberación como Body Positive o Body Appreciation intentan romper las cadenas de las imágenes corporales atadas al consumo: publicidades, ficciones y narrativas pobladas de cuerpos en serie fabricados con el mismo molde de flacura, blancura y una piel perfecta. Lo que no existe sin Photoshop.

Vivimos apuradas y pocas veces nos damos el tiempo para observar el cuerpo, tocarlo, mimarlo, sentir las sensaciones que nos provoca. Pasamos frente al espejo, nos vestimos con rapidez y sólo nos detenemos cuando algo nos llama la atención, generalmente algo que “está fuera de lugar”.

La imagen corporal se nutre no solo de la forma percibida, sino de la valoración que hacemos de ella. Vemos, imaginamos, y sentimos el cuerpo. Esta secuencia será congruente cuando lo que veo, imagino y siento está en la misma sintonía; en cambio, las diferencias generan preocupación, malestar, insatisfacción. Y cuando esto sucede estaremos más atentos a la “imperfección”, limitando la libertad de estar desnudos frente al otro.

Cuando criticamos nuestro cuerpo
Consultamos al sexólogo Walter Ghedin, quien comenta al respecto: “Si bien hay mujeres pudorosas que a medida que van ganando confianza se sueltan y aumentan la seguridad y estima, existen otras que se inhiben y ocultan el cuerpo o partes de él. La ansiedad lleva a ver el árbol y no el bosque. La atención se fija en esa parte como si fuera algo anómalo, un defecto que hay que ocultar, esconder, tapar a la mirada del otro”. Y puede ser algo muy localizado: una mancha en la piel, arrugas, rollos en el abdomen, estrías, flaccidez en los brazos, etc. También los senos, o los cambios en la forma y textura de los labios vaginales que provocan los partos y el paso del tiempo.

“Todo el cuerpo puede ser objeto de crítica interna y de ocultamiento. Cuando el malestar gana terreno, ya no es posible estar abierto y libre para el encuentro sexual. La experiencia de desvestirse juntos (práctica que en general se va perdiendo por el apuro), de tocarse, de darse el tiempo para descubrirse, pasa a ser un acto temido que hay que saltear, buscando las sábanas y la oscuridad como aliadas”, agrega Ghedin.

Según el especialista, otro síntoma es que se empiezan a limitar los propios movimientos y los del otro, cuyas manos son guiadas “para que no atraviesen la ‘zona de conflicto'”. En este contexto, tan condicionado por la depreciación del cuerpo, se va perdiendo la riqueza del encuentro sexual. “Además, la anticipación ansiosa nos hace pensar que el otro va estar atento al problema y si no dice nada es por discreción o para no hacernos daño.”

Cómo sentirte más cómoda con tu cuerpo durante el sexo
Estos son algunos consejos que nos compartió Ghedin:

* Tomate el tiempo para observarlo y sentirlo. En esa recorrida incluye la visión de tus genitales. Recorre los labios mayores, los menores, el clítoris, la vagina; percibí las diferentes sensaciones. Así como el cuerpo está sujeto a los modelos externos de perfección, tus genitales también lo están. Existen diferentes formas de vulvas (no todas son como te las muestra el libro de anatomía o la película porno clásica).

* El esquema del cuerpo no sólo es la forma autopercibida, es la valoración que hacemos del mismo. Cada uno de nosotros tenemos un sentir corporal. Dicha valoración es personal y no debe estar sujeta a modelos externos. Cuando queremos que se ajuste a esos ideales de perfección damos lugar a la insatisfacción y perdemos estima y confianza.

* Proponele a tu pareja hacer desnudos en alguna actividad cotidiana, como caminar por la casa, cocinar, leer, mirar TV, etc. Esto te va permitir sentirte más cómoda con tu cuerpo con naturalidad (y no exclusivamente en relación a la sexualidad).

* Prepará la previa sexual, no la dejes pasar con rapidez. Pueden bailar y desvestirse juntos, lentamente, que cada prenda que cae sea la liberación de cada uno de los pudores o inhibiciones.

* Dejá que el otro recorra tu cuerpo con libertad. Animáte y guiá las manos de él o ella sin detenerte en las zonas conflictivas (que te producen rechazo).

* Concentrate en las sensaciones y no en los pensamientos intrusivos que suelen aparecer.

Por último, lo que siempre recomendamos los sexólogos: hablá con tu pareja, comunicá tus temores e inhibiciones. No supongas que al otro nada le pasa y que está plenamente seguro de su cuerpo. ¡Disfrutá!

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