Julieta Silva (30) fue condenada a 3 años y nueve meses de prisión por atropellar y matar al rugbier Genaro Fortunato (25), a la salida de un boliche en San Rafael en septiembre del año pasado.

La familia Fortunato esperaba la máxima condena, prisión perpetua, por homicidio agravado por el vínculo. Sin embargo, el tribunal de la 1° Cámara en lo Criminal de la 2° Circunscripción Judicial de Mendoza, conformado por los jueces Rodolfo Luque, Julio Bittar y María Eugenia Laigle la declaró culpable por homicidio culposo agravado. Además la inhabilitaron para conducir vehículos por 8 años.

Silva enfrentaba una acusación de homicidio, pero con varias calificaciones alternativas. Al debate oral llegó acusada por homicidio simple con dolo eventual —delito que se castiga con 8 a 25 años de prisión— y por homicidio culposo agravado, que tiene una pena máxima de cinco años.

Cerca del final del juicio, el fiscal Fernando Guzzo introdujo el agravante por la relación de pareja y pidió acusar a Julieta por homicidio agravado por el vínculo. Y en su alegato, le sumó a ese cargo la “emoción violenta” como circunstancia atenuante y pidió una pena de 14 años de cárcel para Silva.

A la vez, el abogado de la familia Fortunato había solicitado para la acusada una pena de prisión perpetua, por el delito de homicidio agravado por el vínculo. Y el defensor, Alejandro Cazabán, había pedido la absolución de Silva.

A casi un año de la muerte de Fortunato

El domingo próximo se cumple un año de la muerte de Genaro, jugador del rugby club Belgrano. A las cinco de la madrugada del 9 de septiembre de 2017, fue atropellado por Silva sobre la calle El Chañaral, a la salida del boliche Mona Bar. “Le pasó por encima. Arrastró su cuerpo tres metros y no se detuvo, le provocó, de manera inmediata, el aplastamiento del cráneo a Fortunato”, remarcó el fiscal Guzzo.

La familia Fortunato, los padres Miguel Fortunato y Graciela Linares, los tres hermanos de Genaro, dos mujeres y un varón, siguieron las instancias del juicio oral, que duró tres semanas. Cuando murió Genaro, Miguel acababa de enterarse de que su hijo iba a ser padre. La exnovia de Genaro, Agustina Quiroga, con la que tuvo una relación de cinco años, estaba embarazada de cuatro meses. La beba, Francesca (porque el segundo nombre de Genaro es Francisco) nació en febrero pasado.

Al principio de la causa, se especuló que la discusión que habría existido entre Julieta y Genaro a la salida del boliche había sido porque la acusada se enteró de que el rugbier iba a tener un hijo con su exnovia. Pero, en todas las testimoniales, los allegados a la pareja lo negaron.

El fiscal aseguró que Julieta mintió en su testimonio cuando dijo que “no lo vio en el asfalto y que creyó que había pisado un pozo”. Insistió varias veces en que “si podía jugar al hockey de noche y sin lentes, también podía verlo esa noche, a pesar de la lluvia”. Guzzo habló de los impulsos de Julieta y el negativo informe de las pericias psiquiátricas: “Se observan indicadores de violencia, es peligrosa para sí y para terceros”, coincidieron varios peritos, incluido el de la defensa.

Resumen del caso

Julieta Silva mató a Genaro con su auto. Él cayó al asfalto después de correr unos metros junto al vehículo. Ella condujo 150 metros, hizo un giro en U, volvió hasta donde él estaba y lo atropelló. Aplastó su cráneo y arrastró su cuerpo tres metros. Nunca se acercó a auxiliarlo. Después de salir del auto, siempre se mantuvo a distancia y no se acercó al cuerpo de su novio. Volvió a su auto y se quedó sentada en el interior. En ese interín, llamó al 911 (ya habían llamado otros testigos que estaban en el estacionamiento), se comunicó con su exmarido, Pablo Tabanera (que estaba con sus dos hijos, en ese momento de 5 y 10 años) y recibió la llamada de su amiga y entrenadora “Pola”, la testigo Silva Ballarini. A su entrenadora fue a quien Julieta le confirma: “Atropellé a Genaro y creo que lo maté”.

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