PALISADES, EEUU.- A unos 30 kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York, un equipo de científicos busca pistas sobre cómo el ambiente está cambiando mediante estudios de organismos que no viven en los bosques cercanos: los corales.

En los laboratorios del Earth Observatory, unidad de investigación de la Columbia University que mira al río Hudson, científicos liderados por el profesor Braddock Linsley escudriñan grandes centros de corales que extrajeron de arrecifes lejanos.

Para Linsley y sus colegas, los corales son una preciosa fuente de pistas sobre el pasado que podría ayudar a predecir las futuras tendencias climáticas. Ellos pueden revelar cuándo y con qué rapidez han cambiado las condiciones ambientales durante un cierto período de tiempo. Los centros son una parte dura, pétrea de un coral bajo la parte superior de la colonia, su esqueleto. Como los árboles, los corales producen anillos de crecimiento que registran condiciones climáticas como las temperaturas del agua marina y las precipitaciones.

En un laboratorio lleno de cajas con muestras de corales, Linsley y un pequeño equipo de colegas cortan los centros en placas y luego les realizan rayos X para revelar los anillos de crecimiento anual.

Utilizando taladros de dentista, pulverizan pequeñas piezas y realizan análisis geoquímicos del polvo de coral para reconstruir los cambios en la temperatura, salinidad y acidez del agua en torno al coral cada mes, remontándose cientos de años.

“Son años de trabajo de laboratorio y mucha frustración, pero una vez que llegas a ese punto, el producto final es muy emocionante, porque tienes este gran grupo de datos”, dijo Linsley.

Los arrecifes de coral se desarrollan a lo largo de miles de años y son vitales para la supervivencia y prosperidad de incontable cantidad de especies marinas. También limitan el daño por inundaciones causadas por tormentas y ayudan a actividades humanas como la pesca.

A medida que los humanos han ido quemando más combustibles fósiles -el principal factor en el cambio climático- los océanos absorben crecientes cantidades de dióxido de carbono (CO2).

Algunas de las investigaciones recientes de Linsley a corales de la isla de Tonga, en el Pacífico sur, sugieren que una mayor acidificación del agua marina causada por el exceso de CO2 podría llevar a una disminución de la tasa de crecimiento de los corales, poniendo en riesgo el bienestar de todo el arrecife.

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