Muchas veces, la ansiedad o la depresión van de la mano de estados de ánimo negativos. Hace poco más de un mes el sitio web del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el MIT News, informó que neurocientíficos del Instituto McGovern de Investigación del Cerebro, de ese centro académico, creen haber encontrado pistas sobre los componentes fisiológicos de la depresión. Concretamente, piensan que una región del cerebro, que se conoce como núcleo caudado (ubicado en el sistema límbico), desempeña un papel en nuestros modos pesimistas de ver el mundo.

Detectaron -en un modelo animal- que si estimulan el núcleo caudado pueden inducir evaluaciones negativas de una situación, que duran al menos un día. “Creemos que estamos viendo un indicador de ansiedad, o depresión, o alguna combinación de ambos”, dijo la autora principal del trabajo (publicado en la revista “Neuron), Ann Graybiel, profesora en el MIT.

Si bien los neurocientíficos sabían que el lóbulo frontal y los ganglios basales (donde se encuentra el núcleo caudado) contribuyen al proceso de toma de decisiones, los recientes hallazgos arrojan luz a la cuestión de cómo surgen efectos paralizadores de la depresión y la ansiedad, y guiarlos en el desarrollo de nuevos tratamientos.

Experimento

Para contrastar su hipótesis el equipo construyó un dispositivo que permite probar la toma de decisiones explotando el llamado “conflicto de evitación de aproximación”. A los animales se les dio jugo como recompensa, pero ese hecho se combinó con una molesta bocanada de aire en la cara. En cada prueba, la relación jugo-bocanada de aire fue variada, y los animales podían elegir si los aceptaban o no. Crearon así un escenario que requería un análisis costo-beneficio. ¿Vale la pena el jugo?

Los investigadores descubrieron que cuando se estimulaba el núcleo caudado, el análisis costo-beneficio se distorsionaba, y los animales rechazaban combinaciones que antes habían aceptado. Esto -sostienen- sugiere que comenzaron a enfocarse más en el costo de la situación que antes de la estimulación.

“Debe haber muchos circuitos involucrados. Pero aparentemente estamos tan delicadamente equilibrados que simplemente deshacernos un poco del sistema puede cambiar rápidamente el comportamiento”, advirtió Graybiel.

El equipo también constató que la actividad de ondas cerebrales en el núcleo caudado se alteraba cuando cambiaban los patrones de toma de decisiones. Este dato podría usarse como biomarcador para monitorear estados negativos y pesimistas. También podría ser útil para evaluar la efectividad de los medicamentos diseñados para reducir la ansiedad y la depresión.

El núcleo caudado se encuentra dentro del sistema límbico, la región que regula el estado de ánimo, y tiene conexiones con las áreas motoras del cerebro y donde el órgano produce dopamina, la hormona vinculada a un comportamiento motivado por la recompensa.

El equipo espera que estos hallazgos ayuden a comprender mejor los efectos a menudo paralizantes de la depresión, la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo. Si bien no tendrá aplicaciones inmediatas, puede ayudar a establecer la efectividad de las soluciones actuales.

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