El ministro de Producción, Dante Sica hizo su presentación ante ejecutivos de unas 250 compañías de las más importantes del país, tal como estaba agendado en el programa de la reunión del Consejo de las Américas. Pero los pasillos del recinto, que suelen vaciarse ante las exposiciones de los funcionarios, eran un hormiguero de gente de traje y corbata. Los gerentes, directores y accionistas de empresas chequeaban sus celulares. El dólar escalaba a 40 pesos y el Banco Central informaba que subía a 60% la tasa de interés para intentar frenar la corrida. El desconcierto era absoluto.

En medio de esa confusión, los empresarios ensayaban distintas explicaciones para esta crisis. Pero coincidían en un punto: la falta de confianza. Para algunos, se trata de un déficit político y serían necesarios cambios de Gabinete que ayuden a ratificar el rumbo emprendido con menos ruido. Los más críticos hablaban de problemas económicos de fondo. El más exasperado era el diputado del Frente Renovador y ex presidente de la UIA José De Mendiguren, que rememoraba con notoria preocupación, día a día, los momentos previos a la crisis de 2001.

“El mercado pide un cambio de Gabinete, algún fusible tiene que saltar”, dijo un empresario de la construcción, que sumaba a sus lamentos de las últimas semanas (el ajuste en la obra pública y los problemas de financiamiento por la causa de los cuadernos de las coimas) el salto del tipo de cambio. Abogaba a la tesis de que es necesario un ministro de Economía “fuerte, no un primus inter pares”, que pilotee la crisis. “El problema de hoy es político; hacen faltas medidas políticas. Desde lo económico, el Gobierno no tiene mucho más para hacer”, agregó.
El clamor por cambios en el Gabinete se elevó luego de las palabras de Marcos Peña. El jefe de Gabinete fue uno de los oradores del inicio del evento. Para los ejecutivos, se trató de un discurso poco convincente, enfocado en el rumbo y no en el momento. “No somos iluminados que queremos reinventar o refundar la Argentina. Escuchamos a los argentinos, que todos los días dicen que el cambio tiene que ser de verdad, de raíz, y no ya con parches de corto plazo”, dijo el funcionario.

“Hoy son cuestiones de fe”, lo criticó José Urtubey, dirigente de la Unión Industrial Argentina y hermano del gobernador de Salta. “Dicen ‘vamos a estar mejor’, pero no escuché una palabra que me dé certidumbre”, se quejó. “Esto se termina cuando se pase de un modelo financiero a uno productivo, cuando la negociación con el FMI contemple esto en vez de la quita de reintegros a la exportación. Hoy está en peligro la cadena de pagos”, remarcó. “¿Quién paga una cuenta hoy si no sabe cuánto sale el dólar, si 34, 35 o 40?”, se preguntó.

Las palabras de Peña no fueron las únicas que escucharon los empresarios. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, participó el miércoles por la noche, con el dólar a $34,50 en la pantalla de los bancos, de un encuentro con unos 35 empresarios directivos de la Cámara Argentina de Comercio y el Consejo de las Américas. El ministro coordinador no dio precisiones sobre el programa financiero ni adelantó de qué manera se piensa volver a discutir el acuerdo con el FMI para garantizarse los recursos para el año entrante.

El ejecutivo financiero consideró que ese problema político contrasta con una situación de “solvencia” desde lo fiscal, por el apoyo del FMI al plan financiero. “No hace falta ir a buscar más plata. El que busca más plata en esta situación es como un drogadicto que busca droga, no es esa la solución”, graficó.

La crisis de confianza no es solo de los ejecutivos. La notan en sus números. Una empresa que hasta hace tres meses celebraba una venta récord de televisores impulsada por el Mundial de Rusia 2018, nota con desazón caídas en sus ventas de dos dígitos, desde junio. ¿La razón? La incertidumbre económica. “¿Cuándo voy a volver a vender? Cuando el dólar empiece a dar la vuelta”.
Pero la necesidad de un volantazo político no fue el único clamor en los pasillos efervescentes del Consejo de las Américas. Otra palabra se empezaba a escuchar con insistencia: retenciones. Con un dólar a este valor, repetían empresarios, el Gobierno debería interrumpir la rebaja programada en las retenciones al poroto de soja. El razonamiento: ayudaría a mejorar los números fiscales sin necesidad de profundizar la poda en el gasto la mayor recaudación al sector agroexportador que más se beneficiaría con la devaluación.

La voz de Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural, se alzó para rechazarlo. “No se solucionaría nada”, dijo. “Quedaron campos de soja sin sembrar en el norte del país por la falta de rentabilidad. Los agroquímicos aumentaron de precio y la suba fue en dólares. Es muy limitada esa visión”, refutó.

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