En 1920, visitó nuestra ciudad Eduardo Jonquiéres, residente en Mendoza y padre del escritor de igual nombre fallecido hace dos décadas. En el diario local “La Nota”, publicó unas “impresiones de viaje” con fuerte crítica al parque 9 de Julio.

Decía que “la ciudad de Tucumán no tiene nada de original. Posee un Palacio de Gobierno algo pretencioso pero agradable a la vista, y algunos edificios nuevos de un estilo sobrio y correcto”. Pero “el Parque Centenario, que debe ser el Palermo de Tucumán, es actualmente un páramo triste donde se ve surgir de aquí, de allí, uno que otro tronco de árbol atacado de ‘spleen’ y que, inclinado sobre la tierra, parece preguntar a ésta el motivo de su existencia, tan lejos de sus semejantes”.

Se detenía en el paseo. El cochero que lo llevaba le dio su opinión. Manifestó que un gobernador gastaba millones en plantar un árbol, y el siguiente dilapidaba otros millones en sacarlo. Jonquiéres reflexionaba que lo de los “millones” era una exageración. “Aunque el gobierno tucumano, como otros de provincia que me callo por no dejar malparados a los mendocinos, haya emitido Bonos de Tesorería que no tienen curso en el resto del país, no puedo creer que aún así haya gastado tanto dinero en el futuro famoso parque”

Añadía: “no los ha gastado en eso, por lo menos; porque los necesita para mantener su política, como parecen probarlo los atroces caminos (dignos similares de los nuestros) y las deudas enorme que agobian a la más rica provincia argentina, que proporcionalmente a su superficie y población, tiene ingresos fiscales extremadamente respetables”.

Comentarios