El presidente electo y el saliente, Alberto Fernández y Mauricio Macri, compartieron este domingo una misa en la Basílica de Luján, a dos días del traspaso de mando. La Iglesia pidió «no caer en la tentación de destruir al otro».

Durante la ceremonia, Fernández y Macri se cruzaron en un abrazo cuando el presidente de la Conferencia Episcopal Oscar Ojea, llamó a los presentes a «dar el saludo de la paz». En primer fila, el mandatario electo y el saliente saludaron primero a sus parejas, Fabiola Yáñez y Juliana Awada, para luego intercambiar palabras entre ellos y con los funcionarios presentes.

Alberto Fernández se acercó a saludar a los ministros del Gobierno de Macri, como el de Producción, Dante Sica, de Interior, Rogelio Frigerio, de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, de Hacienda, Hernán Lacunza, y con el jefe de Gabinete Marcos Peña.

El presidente saliente, por su parte, se abrazó con el nombrado jefe de ministros Santiago Cafiero y de Justicia, Marcela Losardo, entre otros de los funcionarios que comenzarán su gestión el 10 de diciembre.

Macri y Fernández arribaron a la Basílica de Luján casi simultáneamente y antes de la ceremonia firmaron el libro de visitas. Luego se trasladaron hasta el escenario montado frente al templo para presenciar la misa que encabezó Ojea y de la que también participó el arzobispo Jorge Scheinig.

En determinado momento de la ceremonia, incluso, el presidente electo le convidó al jefe de Estado su copa de pomelo, la bebida predilecta del líder del Frente de Todos. Entre sonrisas y gestos de complicidad, Macri aceptó la invitación.