Puede resultar extraño, pero a veces es necesario adaptarse al Infierno. En realidad no se trata de sobrevivir sino de resistir a las llamas. La familia Bravo lo viene haciendo desde hace cinco meses, desde el mismo día que a Bruno le diagnosticaron anginas, pero resulta ser que el cuadro era un verdadero maquillaje de la realidad que escondía el drama personal de este chico de 17 años: Bruno padece aplasia medular. Necesita un trasplante. Su obra social le dijo que sí, pero del dicho a los hechos, amigos, hay un trecho.

Conocido el caso de Bruno, la obra social (panaderos) que «vela por su salud», confirmó que se haría cargo de la situación. Prometió enviar al único hijo varón de la familia a Buenos Aires. En el mismo aeropuerto los Bravo se enteraron de que el avión sanitario tenía otro destino marcado, Córdoba.

Treinta días estuvo internado Bruno. Eso fue en marzo. La estadía sirvió para confirmar que ninguno de sus familiares era compatible. La estadía en Córdoba sirvió para recibir la confirmación de que el Incucai había dado con el donante perfecto para para él, a través de una derivación internacional. Eso fue en marzo y Bruno, ahora en Buenos Aires, pelea por su vida mientras la burocracia le juega al quedo, a que lo peor derrote a la esperanza.

Hablé hace un rato por teléfono con Daniela, la hermana mayor de Bruno. Ella tiene 25 años, está juntada y tenía como sueño convertirse en estilista. Para eso, y para pagarse la escuela de peluquería, hacía servicios domésticos en Ranchillos, de donde son oriundos. Sin trabajo y concentrada en su hermano, Daniela recibe ayuda de una prima y de la comunidad de Ranchillos. “Ya no sabemos qué hacer. Estamos con abogados que pusieron recursos de amparos, pero nada. La obra social dice que va a pagar, pero eso nos viene diciendo desde el primer día que salimos de Tucumán”, me cuenta con unos nervios increíbles Daniela.

Bruno está débil, al punto de que hoy no podría someterse al trasplante. Necesita hacer un tratamiento previo. Ante tanta desidia burocrática, al joven Bravo le agarró un derrame cerebral. Zafó de casualidad. Los médicos del Hospital Colegiales, donde está internado desde que llegó en abril pasado a la Ciudad de Buenos Aires, hacen lo que pueden. “En este lugar no se hacen trasplantes, lo único que pueden hacer ellos es mantenerlo con vida”, me confía Daniela.

Papá Oscar y mamá Mabel no se despegan de Bruno. Oscar es panadero y desde hace dos meses está instalado full time en la Ciudad de la Furia. Sobreviven gracias a bingos y colectas que se hacen en el pueblo. La gente es buena. La burocracia, no. Patea la pelota.

Recién ahora se está recuperando Bruno; recién ahora puede comer sólido, aunque le cuesta. Dejó de alimentarse por sonda.

Quien recibió el caso de Bruno es el juez José Luis Cassinerio, allí en Buenos Aires. “¿Qué puedo ir a decirle yo a un juez? ¿Cómo es posible que me manden a mí?, se lamenta Daniela. El recurso de amparo salió a favor de los Bravo, pero desde la Obra social “aseguran” ahora: “queremos pagar, pero ningún sanatorio lo quiere recibir”. Mentira.

El dinero lo es todo

Daniela me habla de números siderales que generan sorpresa y estupor cuando entran al oído. “Hay tres lugares donde Bruno puede ser trasplantado, la Fundación Favaloro, el Hospital Italiano y el Hospital Británico. La Favaloro pidió, primero, un depósito para recibirlo, lo mismo que el Italiano, y $ 12.000.000 solo para hacer el trasplante. El Británico no pide depósito, pero sí $ 44.000.000 por ver a mi hermano. No puedo creer esas cifras”, de locos.

Mientras tanto, Bruno se aferra a la vida, cómo puede. Una alegría fue saber que el derrame no le dejó secuelas. Una alegría de la familia es verlo a él todavía activo, peleándole a la vida. Una alegría, para él, es verlo a su papá a su lado, lo mismo que mamá, al pie del cañón.

Bruno sabe que hay un donante que lo está esperando.

Lo que Bruno no comprende es por qué desde el escritorio de la obra social no le dan el OK para él poder recuperar su vida.

Hablamos de dinero, sí, del vil metal. Pasaron cinco meses desde que se le descubrió la enfermedad a Bravo. ¿Cuánto dinero malgastó esta obra social en acciones de evasión? Mucho. Entonces, por qué seguir dilatando la situación.

“No sabemos qué hacer, estamos desesperados”, Daniela no llora. Daniela está entera, aunque por dentro esté hecha pedazos.

Y la ayuda real, ¿cuándo llegará?

LA RESPUESTA DEL MINISTERIO DE SALUD 1-El Siprosa articuló con Fiscalía de Estado el acompañamiento de un abogado de esa área para el seguimiento del Recurso de Amparo. 2-Se gestionó un pasaje en avión para que la hermana de Bruno se traslade a Buenos Aires para acompañar a la madre. Su padre debe regresar por cuestiones laborales. Se ofreció alojamiento en Buenos Aires, pero lo rechazaron porque los hoteles quedan alejados del hospital de Colegiales dónde está internado el paciente. Se alojará en casa de un familiar.

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