Los resultados de las políticas económicas dependen de la credibilidad del gobierno que las aplica y del diseño de las mismas. Si el diseño es consistente y hay credibilidad, los agentes económicos alinean sus expectativas con las expectativas del gobierno y en consecuencia, los resultados terminan siendo los originalmente buscados.

Por el contrario, si no hay credibilidad, los agentes forman expectativas totalmente desalineadas con las del gobierno. Los agentes se protegen, adoptan comportamientos defensivos, en Argentina la demanda de dinero cae, las presiones cambiarias e inflacionarias aumentan, el dólar y la inflación suben, y así la política termina fracasando y es abandonada. En este marco, la pregunta del millón es: ¿Habrá credibilidad esta vez?

La credibilidad no es magia, sino que se construye a partir de la reputación. La reputación es mirando hacia atrás y la credibilidad hacia delante. Con reputación, se puede tener credibilidad, pero tampoco está asegurada. Es decir, la reputación es condición necesaria pero no suficiente para tener credibilidad. Por el contrario, no se tiene reputación cuando nada de lo prometido se cumplió y cuando nada salió según lo planeado. En este marco, un gobierno sin reputación tiene que hacer grandes esfuerzos y aplicar políticas extremas para intentar lograr tener chances de acceder a la credibilidad y que algo le “salga” bien.

De acuerdo con nuestro análisis, el Banco Central y el Poder Ejecutivo Nacional (con sus Ministerios) no tienen absolutamente nada de reputación. Su pasado los condena. No sólo vivieron incumpliendo y errando, sino cambiando sistemáticamente tanto la política monetaria como la política fiscal; y en ambos casos los resultados obtenidos fueron cada vez peores. No sólo no hay nada de reputación, sino que los diseñadores y ejecutores de las nuevas medidas son los “mismos que erraron siempre” y además, las nuevas políticas son inconsistentes, están mal diseñadas, nunca sirvieron en ningún país y en ningún momento histórico, y hasta el mismo gobierno no creen en ellas; ergo, hay menos credibilidad que nunca.

En este marco, los agentes económicos continuarán formando expectativas económicas desalineadas con los objetivos de la política económica y el gobierno. Al no creer en el éxito de las políticas del gobierno, los agentes económicos adoptarán comportamientos defensivos procurando protegerse. La caída de la demanda de dinero se intensificaría, las presiones cambiarias resurgirían y la inflación no bajaría o (más adelante) se volvería a acelerar. El dólar se dirigirá a la banda de $51.45 más pronto que tarde.

Como si todo lo anterior fuera poco, probablemente se viene el ciclo electoral más complicado de la historia. Si el próximo 22 de junio se confirma que la contienda electoral es Macri versus CFK, la caída de la demanda de dinero y sus efectos negativos sobre las variables económicas, financieras y sociales se intensificarán. Macri y CFK tienen 70% de imagen negativa, lo cual muestra que ambos tienen pésima reputación y nula credibilidad.

Con dos candidatos a presidente sin reputación ni credibilidad, los agentes económicos formarán expectativas muy negativas y la dolarización de carteras será la mayor de la historia en ciclos electorales. En este sentido, es útil recordar que durante el ciclo electoral 2015 el BCRA perdió u$s9.000 millones. Esta dolarización probablemente récord se retroalimentará con el mal diseño de las nuevas políticas recientemente anunciadas en general y los cambios de política monetaria en particular, que acumulan inconsistencias sobre inconsistencias, volviendo al BCRA cada vez menos creíble.

En pocas palabras, la nueva política del BCRA agudiza su pésimo diseño. Se siguen emitiendo LELIQs, el cuasi-fiscal crece, pero se le pone fórceps al dólar y el BCRA asegura que los va a vender más barato (en relación a lo que se sabía ayer) hasta final de diciembre 2018. Fijar el precio del dólar y bajar la devaluación de las bandas cambiarias al 0% anual implican que, cuando se toque la banda, cada peso que vaya contra el BCRA significará una pérdida mayor de reservas en relación al programa anterior. Es decir, en un escenario similar de corrida, “ahora” las reservas duran “menos”, lo cual es un incentivo adicional que alimenta la potencial corrida. En este marco, hay que monitorear el comportamiento de los depósitos privados a plazo fijo, ya que la caída de la demanda de dinero y la corrida contra las reservas se materializará y alimentará de estos depósitos.

Una vez iniciada la corrida, el dólar se moverá ascendentemente dentro de la banda. Una vez que el dólar toque $51.45, el BCRA empezará a vender reservas. Si el BCRA puede usar u$s9.000 MM totales y vende u$s150 MM diarios, esas reservas “duran” 60 días hábiles; o sea tres meses. No obstante, la caída de la demanda de dinero y el apetito por el dólar aumentan con la venta de reservas. En este sentido y sólo a modo ilustrativo, si el BCRA vende u$s200 MM (u$s250 MM) diarios, los u$s9,000 millones de reservas duran 45 (36) días hábiles, o sea 2 meses (1 mes y medio).

Según nuestro análisis, pensamos que la macroeconomía argentina está por sumergirse en un “juego” de “cuánto” pesos corren contra “cuántos” dólares. Y en esta dinámica, el resultado del “partido” depende de cuántas reservas el BCRA esté dispuesto a perder para mantener un tipo de cambio fijo que (más temprano que tarde) el mercado desafiará. La nula reputación, la falta de credibilidad, el mal diseño de la política monetaria y el potencial ciclo electoral de Macri contra CFK no sólo acercan la “corrida” en el tiempo sino que (como explicamos más arriba) la alimentan y potencian.

En este escenario, pensamos que este actual y nuevo parche de política económica durará menos que los cinco meses que duró el plan original de Sandleris. Es lógico, al haber menos reputación y credibilidad y tener peor diseño de política monetaria, los tiempos necesariamente deben acortarse. Concretamente, si el monto de reservas a vender es sólo u$s 9,000 MM, todo parecería indicar que este nuevo parche no durará monetario hasta fin de año (230 días quedan para que asuma el próximo gobierno).

Sin embargo, sí hay una certeza. Cuánto más dólares se vendan y más tiempo el BCRA mantenga el dólar cotizando en $51,45 en forma artificial, los problemas de fondo más se agrandarán y, consecuentemente, más cara será la factura a pagar en el mediano plazo. El tipo de cambio terminará saltando más y la inflación mayor será en 2020.

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