No hubo milagro ni hazaña. No alcanzaron los más de 47 mil corazones que coparon La Fortaleza. Ni los rezos ni el aliento incesante. Lanús falló cuando no tenía que fallar, perdió 2-1 la final del local y Gremio se consagró como campeón de la Copa Libertadores, merecido por lo que hizo en los 180 minutos (3-1 el global). Y Los brasileños serán los representantes de la Conmebol en el Mundial de Clubes.

No fue el mismo Lanús de siempre. Quizá le pesó la final, quizá sólo fue un mal día, pero lo cierto es que en la cancha no salió nada de lo que había previsto. Demasiados errores ante un Gremio que los supo aprovechar. Gómez pecó primero, y Fernandinho se mandó una corrida casi desde Porto Alegre hasta vencer a Andrada. Después fue Luan el que entró pancho por su casa, casi al trote, viendo qué espacio era mejor para meterse hasta el área chica, espacios generados por las desatenciones del fondo, y picarla para el 2-0.

 

El equipo extrañó a Braghieri. También a Román Martínez, que estuvo pero caminando, casi ausente. Así no se juega una final, el talento solo no basta. La imprecisión, el nerviosismo y la ansiedad nublaron a los jugadores, los mismos que hace unas semanas hicieron la heroica ante River.

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