La industria continuará en su tobogán en 2019

Los vaivenes que mostró la economía a lo largo de 2018 tuvieron su correlato en la industria manufacturera. Al igual que la actividad en general, el sector comenzó el año cierto nivel de crecimiento: acumulaba un alza de +3,7% entre enero y abril. A partir de mayo, la industria comenzó a caer, mostrando bajas superiores al -10% y alcanzando una caída de -5,6% entre mayo y septiembre.

De tal manera, el complejo manufacturero dejó atrás la etapa de “heterogeneidad estructural” que atravesó durante 2017 y comienzos de 2018, que implicaba un crecimiento en términos agregados, pero con realidades muy diversas, según los subsectores analizados. Actualmente, el sector atraviesa una etapa de “caída generalizada”, con bajas de gran magnitud y generalizadas en prácticamente todos los subsectores, similar a 2016.

El principal factor que complicó a la industria durante 2018 fue la situación de “incertidumbre permanente” y falta de previsibilidad que atravesó la economía desde abril en adelante en las principales variables que contempla el sector privado a la hora de tomar decisiones (dólar, precios, tasa de interés, costos de los insumos y combustible, entre otros). Para 2019, aún con acuerdo del FMI que garantizaría el programa financiero, las dudas sobre la estabilidad de la economía siguen vigentes. El elevado riesgo-país es una señal de que la incertidumbre financiera continúa presente.

En tanto, casi la totalidad de los drivers de la demanda industrial se desaceleraron o mostraron caídas en 2018. Además del consumo y la inversión, se destaca la desaceleración y baja de la construcción y el agro, que habían sido sectores que traccionaron a varios rubros industriales en 2017. La mejora del tipo de cambio para la exportación no tiene un impacto rápido y directo en el sector productivo. Es más bien una ventana de oportunidades para aquellos que ya tienen el canal de distribución en el exterior previamente desarrollado, pero no es una señal estable suficiente para impulsar nuevos actores al mercado externo. Por otro lado, la baja de competencia de productos importados no llega a contrarrestar la fuerte contracción de la demanda en el mercado interno.

Al mismo tiempo, el salto del tipo de cambio generó un marcado aumento de los costos, tanto por una vía directa -insumos importados- como indirecta -tarifas, combustibles, efectos segunda ronda, etc. El año próximo depende de la estabilidad cambiaria, pero la reducción de subsidios y la inercia inflacionaria aseguran que los costos seguirán presionando.

Por último, la fuerte contracción monetaria genera problemas de liquidez, quiebres en las cadenas de pagos y dificultades financiamiento del capital de trabajo. Todo indicaría que esa situación se sostendrá durante 2019 como consecuencia del programa monetario del BCRA.

Así, estimamos que 2018 cerrará con una caída superior al -3% y mantendrá la tendencia bajista al menos durante el primer semestre del año que viene. Si no hay otro salto cambiario de magnitud y la economía se estabiliza, la industria acumularía en 2019 una caída en torno del -4%, explicado en parte por el fuerte arrastre negativo de este año.

El desempeño de los diversos rubros industriales es, con algunas pocas excepciones, el reflejo de esta situación de caída generalizada de la demanda y de suba de costos.

El sector de alimentos tiene una dinámica negativa para la mayoría de sus segmentos, en particular aquellos productos procesados ligados al consumo masivo, con particular caída en las ventas en grandes superficies (-5% i.a. en septiembre, último dato disponible, INDEC). Se destaca positivamente el comportamiento del complejo cárnico con una fuerte suba de la faena y de las exportaciones, en particular con la reciente apertura del mercado chino. Por su parte, las economías regionales muestran un comportamiento heterogéneo: el complejo vitivinícola sube las exportaciones de vino (pero a granel) y no compensa la merma de las ventas domésticas; en cambio, peras y manzanas con la salida exportadora reemplaza holgadamente la baja del mercado interno.

Los clásicos sectores mano de obra intensiva -textil-indumentaria, calzado y marroquinería- sufrieron particularmente la contracción del poder adquisitivo que genera el recorte de los gastos en este tipo de productos, cuya elasticidad es relativamente alta. Si bien es cierto que el salto del tipo de cambio encarece las importaciones directas e indirectas (compras de turistas en el exterior), dando cierto espacio para que la producción nacional recupere terreno, el efecto “ingreso” -contractivo- es más fuerte. Además de la caída de los ingresos, estos sectores han sido perjudicados por el encarecimiento del crédito, dado que una parte importante de las ventas se realiza en cuotas.

El sector de metalmecánica no escapa al panorama negativo global, con un desempeño positivo en los primeros meses del año frente a una caída a partir mayo. Esta dinámica se explica por diversos factores. Para empezar, la caída de la consumo interno perjudica a rubros como línea blanca (-20% aprox. en promedio, INDEC), productos de metal y envases metálicos. La contracción de la inversión, por su parte, posee un impacto directo en los segmentos vinculados a bienes de capital, equipamiento eléctrico y equipamiento médico (algunos ya golpeados por la disminución de la actividad de 2016, de la que no habían logrado recuperarse). Por otro lado, la desaceleración de la construcción afecta particularmente la demanda de los rubros de estructuras metálicas, montajes industriales y otros productos de metal. Por último, la fuerte sequía de este año (junto con la escalada del costo financiero) generó el derrumbe de las ventas de maquinaria agrícola y agropartes (-32% en tractores, -40% en cosechadoras, -19% en sembradoras, INDEC).

El complejo automotriz comenzó el año con expectativas muy positivas y se fueron desmonorando con el correr de los meses, tanto por el derrumbe de las ventas internas como por un menor salto exportador que el esperado. De tal manera, 2018 cerraría el año prácticamente sin variaciones de producción en relación con 2017 (alrededor de 470.000 unidades), aunque con un cambio de composición. Se observa una mayor participación de las exportaciones (particularmente a Brasil, que acumulan un alza de 39% unidades en 2018), y menores ventas al mercado interno debido a la conjunción del incremento de los precios, del costo financiero y del mantenimiento de los vehículos, y de la baja demanda por parte del agro. Esta misma dinámica negativa se observa para el complejo autopartista, que en algunos productos suma el incremento de importaciones chinas, como el caso de neumáticos.

Los distintos sectores de insumos básicos muestran dos regularidades contrapuestas: una tendencia a la desaceleración a lo largo del año, acompañando la actividad económica general, y un aumento de las exportaciones -en aquellos sectores transables-, que permitió compensar total o parcialmente, según el caso, la desaceleración del mercado interno. La industria de aluminio sigue el camino que transitó en los últimos años recesivos, con un aumento de las colocaciones en el exterior. Una estrategia similar fue puesta en práctica por el sector de química y petroquímica, pero las exportaciones en este caso no lograron compensar la fuerte contracción de las ventas domésticas. La producción de acero y derivados exhibió una elevada resiliencia durante 2018 y logró mantener el crecimiento durante prácticamente todo el año, aunque con una fuerte desaceleración en los últimos meses. El consumo aparente de materiales para la construcción mostró una fuerte desaceleración a lo largo del año, comenzando a mostrar bajas a partir de junio, y todo indica que cerrará el año en niveles similares a 2017 (durante los primeros 9 meses todavía acumulaba un +6,4%).

La perspectiva para 2019 es negativa para la industria en su conjunto, con excepción de aquellas ramas que tengan una mayor salida exportadora (carne vacuna y complejo oleaginoso, automóviles o algunos insumos difundidos, como aluminio y petroquímica) o que estén vinculadas al agro y la explotación de hidrocarburos (Vaca Muerta). Para aquellos sectores con mayor grado de dependencia del mercado interno, la crisis se extenderá por lo menos hasta mitad de año y luego dependerá de que el salario real recupere algo del terreno perdido. En esta situación se encuentran una amplia mayoría de sectores manufactureros, tanto aquellos mano de obra intensiva, como el complejo metalmecánico, pasando por los insumos difundidos o productos de consumo masivo, incluidos alimentos procesados. En definitiva, para el agregado del entramado industrial, los sectores que puedan traccionar la actividad económica (agro, Vaca Muerta) y cierto repunte de las exportaciones no compensa la caída del consumo y la inversión que se proyecta para 2019.

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