La recuperación de la economía deberá conseguirse por una vía lenta pero sostenible: un manejo cauteloso de la política monetaria, reduciendo las tasas de interés a medida que la aceleración inflacionaria, el riesgo país y las expectativas de devaluación vayan cediendo, a fin de evitar un nuevo episodio de volatilidad y generar las condiciones adecuadas para un resurgimiento de la inversión. Además, deberán esperarse condiciones climáticas adecuadas para maximizar la cosecha de trigo que comienza a levantarse en diciembre; una consolidación de la recuperación económica brasileña (que hoy está en dudas) y evitar un nuevo proceso de apreciación cambiaria que vulnere la sostenibilidad externa del crecimiento. Si todas estas condiciones se dieran, podría pensarse en el inicio de una recuperación hacia fines de este año o inicios de 2019. Cuanto antes ocurra, mejor será el escenario electoral para el oficialismo en las elecciones presidenciales del año próximo, señala un análisis de la consultora Invecq.

Los recientes datos publicados por el INDEC con respecto a la evolución mensual de la actividad económica dan cuenta del inicio de una caída en el nivel del PBI. “En abril, la economía tuvo una contracción interanual del 0,6%, con una incidencia del agro de -3,8% (al caer un 30% interanual) mientras que en mayo la caída se aceleró y marcó un -5,8% con una incidencia del agro de exactamente -5,8% (al caer 35,2%). Estos números indican que la importante caída que mostró la actividad en el segundo trimestre del año responde casi exclusivamente a la destrucción de la producción agropecuaria generada por las inclemencias del clima”, señala el estudio. En abril el buen desempeño del resto de los sectores compensó al agro y acortó la caída total hasta un 0,9%, mientras que ya en mayo la fortaleza del resto de la economía fue menor y en el agregado la contracción fue igual a la contracción sectorial del campo, es decir que no hubo un efecto compensador por parte del resto de los sectores económicos.

“Lo que resulta importante señalar -continúa- es que en estas dos caídas (abril y mayo) aún no había tenido casi impacto la inestabilidad cambiaria, y la contracción económica respondió a la sequía y su efecto derrame sobre otros sectores conexos, como el transporte (que cayó un 5% en mayo). Queda por delante un tercer trimestre, en el que esperamos que continúe la contracción, como consecuencia ahora del impacto sobre la economía real de la crisis cambiaria, la aceleración inflacionaria y la caída de los salarios reales consecuente”. Así se espera que entre los meses de julio y septiembre continúen los números negativos.

Por su parte, el mercado laboral ya está reflejando la mayor debilidad de la actividad económica. En los primeros cinco meses del año, el nivel de empleo registrado tuvo una leve retracción (-0,3%), pero que está acelerándose marginalmente en los últimos dos meses. Los sectores con menor demanda de empleo en este período son la industria manufacturera, el agro y el transporte. Saber con certeza hasta cuándo continuará la caída y se iniciará el rebote, no es posible hoy, principalmente porque ello depende de varios factores que no están bajo control del Gobierno, concluye el informe.

La crisis cambiaria, la inflación y la caída salarial seguirán impactando negativamente.

Condicionado por el FMI

El plan económico debe acatar las metas

El programa económico está condicionado hoy al cumplimiento de las nuevas metas fiscales acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El déficit público primario debe cerrar este año en 2,7% del PBI y el año próximo en 1,3% del PBI, por lo que en términos netos la política fiscal será contractiva para la demanda agregada en el próximo tiempo. Esperar una rápida recuperación alentada por el incremento del gasto público, cómo fue habitual en los últimos años de la economía argentina, no es un escenario posible hoy, ya que la política fiscal tiene casi un único objetivo: recuperar el equilibrio presupuestario en 2020.

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