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La “zona de no intervención” ingresó en su segunda etapa. Luego de un primer proceso de instalación en el mercado y de supervivencia del primer mes de vida, incluyendo un relativamente exitoso paso de un supermartes; desde mañana comenzará una nueva etapa aceptación de consolidación y posterior aceptación del esquema cambiario. Al menos es lo que el Gobierno tiene como estrategia para el esquema adoptado por el oficialismo argentino para poner en caja la corrosiva volatilidad del dólar, que tuvo su epicentro en agosto y que derivó en el acuerdo 2.0 con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta segunda etapa está ahora preparada para recibir entre hoy y mañana los 5.700 millones de dólares provenientes del organismo financiero que dirige Christine Lagarde; con la convicción que se podrá cumplir el acuerdo entre el Banco Central y el Fondo de no utilizar ese dinero para sostener corridas.

Para recibir la nueva etapa de la “zona de no intervención”, la entidad que maneja Guido Sandleris aplicará en las formas la modificación de las bandas mínima y máxima donde se mueve el tipo de cambio. El esquema cambiario había comenzado a regir desde el 28 de septiembre con la llegada de Sandleris al BCRA y la continuidad del vicepresidente Gustavo Cañonero a partir del esquema que la dupla negoció directamente con los técnicos del FMI en el capítulo fundamental para que el organismo destrabe el nuevo acuerdo: la política de estabilización del dólar sin la intervención directa e inestable del BCRA en los tiempos de Luis Caputo que tanto criticaba (quizá hasta enfurecía) a los hombres de Lagarde. Este enfrentamiento, en parte, fue el detonante de la salida del Gobierno del exministro de Finanzas.

La primera etapa de la “zona” negociada con el FMI, implicaba un piso de 34 pesos de mínima y 44 de máxima. Cuando el dólar llegada al piso, el BCRA compraría. Cuando llegara a la máxima, vendería hasta un tope de 150 millones de dólares diarios. Los cálculos no habían sido caprichosos. El tope de 44 pesos fue tomado del cálculo econométrico según el tipo de cambio del segundo semestre de 2002, actualizado a la moneda actual. Desde las oficinas de Sandleris, en el momento de negociar con el FMI, se mantenía la convicción de que no llegaría a ese tope y se movería más cerca del mínimo que del máximo. Y que se hubiera complicaciones, estas se concentrarían en el primer mes de vigencia. En especial luego del supermartes del 16 de octubre pasado, cuando vencieron unos 231.000 millones de pesos.

Superada la prueba, con un dólar que ayer cerró a 37,80 pesos, la llegada de ayer de los u$s5.700 millones del primer desembolso del Fondo y con la seguridad que se inicia un tiempo de oferta de divisas con mayor demanda de pesos por los vencimientos de cierres del año; el BCRA comienza con la segunda etapa de la “zona”.

Aunque en realidad el ajuste es diario, desde mañana cuando comience noviembre el BCRA reubicará oficialmente los valores de la “zona” en 35,02 y 45,32 pesos; siguiendo las actualizaciones diarias del 3% mensual que se pactaron con el FMI y que, si todo sigue como esperan en la entidad, seguirán siendo simbólicas para el mercado. La idea del BCRA es que el valor del dólar pueda consolidar su movimiento en el medio de la banda, sin que el mercado observe movimientos bruscos y sospechosos, siempre, al menos hasta bien entrado 2019, bajo el amparo de tasas de interés de Leliq lo suficientemente poderosas como para acaparar la atención por encima de la valuación de la divisa.

La “zona” como esquema cambiario fue además ponderada el viernes pasado por los técnicos del FMI, en el momento en que el board del organismo trató el caso argentino para aprobar el acuerdo 2.0. No es un dato menor. En esa jornada del mediodía de Washington, la marcha de la economía argentina fue duramente criticada por los técnicos que siguen el caso local y que son comandados por el italiano Roberto Caldarelli. En medio de la tormenta de embestidas de los hombres que observan la marcha de las variables locales, sólo la aplicación del nuevo esquema cambiario mereció un aprobado. No es un dato al pasar. EL FMI necesita creer que la “Zona” funciona para asegurarse que el dinero que se envíe al país se utilizará para lo pactado (pagar deudas y cubrir el déficit fiscal) y no para sostener el precio del dólar. El Fondo no quiere caer en el esquema Caputo, al que se lo señaló el viernes pasado en Washington de haber utilizado unos u$s13.000 millones para intentar, sin éxito, contener al dólar, financiando con parte del dinero del fondo una devaluación del 44%. Sólo en agosto.

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