El papel de las hormonas sobre nuestro comportamiento y sobre la respuesta sexual ha sido muy estudiado. De hecho sigue siendo objeto de investigaciones. Como es sabido, son sustancias segregadas por las glándulas del sistema endócrino. Actúan como mensajeros cuya tarea es mantener el equilibrio interno, regular las funciones básicas y hacer que nuestro organismo responda frente a los cambios que provienen del interior y del exterior del cuerpo.

Las hormonas más conocidas asociadas a la sexualidad –y a la reproducción- son la testosterona, los estrógenos y la progesterona. Pero gravitan muchas otras, que resulta interesante repasar.

La prolactina es segregada por la glándula pituitaria, localizada en medio del cerebro. Como su nombre lo sugiere, es la que desencadena la producción de leche en la glándula mamaria –posibilitando la lactancia- y tiene cierto efecto inhibidor del deseo sexual. Es segregada en grandes cantidades durante el orgasmo y se cree que influye en la sensación de saciedad sexual y -particularmente en los hombres- sería la responsable del llamado “período refractario”. Es decir, de ese estado por el cual son fisiológicamente incapaces de tener otro orgasmo o eyacular nuevamente durante un lapso variable de tiempo. Algo interesante es que se ha comprobado que durante la masturbación se libera menos prolactina que durante las relaciones sexuales.

La dopamina tiene múltiples efectos dependiendo de la zona del cerebro en que actúe. Es la hormona de la euforia, el placer y la motivación para buscar estímulos. Por eso no es raro que esté involucrada en los procesos de adicción. Estimula, además, la producción de testosterona y es la que, frente a la posibilidad de un encuentro sexual, empieza a acumularse, haciéndonos sentir cada vez más alegres, exaltados, vehementes y empecinados en avanzar hasta el final.

Cuando en la excitación previa a la relación sexual nos sentimos invadidos por una energía súbita que genera una especie de tensión muscular que parece preparar nuestro cuerpo para la acción… es a causa de la liberación de adrenalina en las glándulas suprarrenales, que se encuentran por encima de los riñones. (Es también la adrenalina la que, en una situación de peligro, nos alista para luchar o huir).

La oxitocina es conocida como la “hormona del amor” y es la responsable química del apego entre madre e hijo; también en la pareja o, incluso, entre amigos. Se produce en el hipotálamo y es transportada a la glándula pineal, desde donde se libera hacia el torrente sanguíneo. Durante la excitación, pero especialmente al momento del orgasmo, se produce una explosión de oxitocina, lo cual explicaría la necesidad de cercanía entre los amantes, aun entre los que –supuestamente- solo buscaban sexo casual.

INÉS PÁEZ DE LA TORRE
Psicóloga

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