Ocho horas frente a la compu; una o dos más mirando la tele o navegando en una tablet; y una cantidad de tiempo casi imposible de calcular, con la vista enfocada en el celular.

El resultado: el contacto con pantallas y más pantallas casi desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir y que, a los daños conocidos para la retina, se suma el efecto sobre la piel.

“Con los cambios en el estilo de vida, también debemos considerar los efectos de la luz azul o violeta que emiten los dispositivos electrónicos. Conocemos muy cuáles son los daños sobre la piel de los rayos solares: eritema, edema, ampollas, incremento de la pigmentación, deshidratación, engrosamiento de la capa córnea y aumento de la formación de radicales libres y hasta el fotoenvejecimiento, fotodaño y el cáncer de piel. Y también hemos aprendido a defendernos de dicha radiación. Ahora, debemos tener presentes estas nuevas consecuencias”, explica Norma Bustos, doctora en química y especializada en cosmética.

Porque aunque depende de las condiciones de exposición -la intensidad, la duración y la periodicidad- “estas características son similares a las causados por la radiación UVA y UVB”.

Además, “si bien el sol emite mayor cantidad de luz azul-violeta que los dispositivos electrónicos, las estadísticas muestran que la gente pasa 9 horas diarias frente a algún tipo de pantalla y que la distancia del ojo a estas fuentes es muy reducida”, agrega Bustos.

Los signos visibles:

  • Envejecimiento prematuro.
  • Arrugas.
  • Flaccidez.
  • Manchas.
  • Eritema.
  • Daños en el ADN.

“Las pieles más oscuras están más propensas a mancharse, por el aumento en la producción de melanina -la sustancia que le da color a la piel- y también está asociado al aumento de la deshidratación y flaccidez, a la pérdida de firmeza y elasticidad, por la disminución en la producción de colágeno y elastina”, completa el doctor Christián Sánchez Saizar, médico dermatólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Dermatología.

Belleza anti pantallas

Intentar reducir lo más posible nuestro contacto con las pantallas es el punto de partida ideal (aunque difícil de lograr).

“La luz visible no se ha considerado hasta ahora una causa significativa de daño en la piel, pero eso está cambiando. Y esto se debe a los cambios en la forma de vida. Actualmente el 55% de la población mundial vive en grandes ciudades y se espera que para 2050 ese porcentaje alcance el 70%”, agrega Bustos.

¿Qué hacer?

Comenzar con una visita a un dermatólogo o a una esteticista es fundamental. “La idea es cuidar y preparar la piel para los cambios que vendrán con el correr de los años”, sugiere la doctora Lilian Demarchi, dermatóloga e integrante de la Sociedad Argentina de Dermatología.

Las medidas fundamentales: incorporar a la rutina diaria un producto específico para la protección de la luz azul y ambiental. Recién salidos al mercado, “estos cosméticos cuentan con bluescreen y nanosferas -vehículos que permiten que las sustancias lleguen a las capas profundas de la piel- con vitamina A y E. Favorecen la elasticidad de la piel, previenen el envejecimiento y tienen acción antioxidante”, explica Bustos. Deben aplicarse por la mañana.

“También es muy importante a la mañana y a la noche higienizar el cutis y aplicar una crema o loción hidratante. Ambas que sean adecuadas al tipo de piel”, agrega Dermarchi.

En cuanto a los tratamientos en gabinete, las sesiones de radiofrecuencia, contribuirán a darle más elasticidad a la piel y a favorecer la producción de colágeno. Mientras que los distintos tipos de peelings -mecánicos o químicos- serán fundamentales para borrar las manchas y recuperar la luminosidad.

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