El 15 de noviembre de 2017, la Armada Argentina entabló la última comunicación con el submarino ARA San Juan a las 07.19, es decir menos de 3 horas antes de la explosión, mientras los 44 tripulantes hacían un titánico esfuerzo para superar una avería en las baterías.

A esa hora, el jefe de Operaciones de la nave, Fernando Villarreal, comunicó al jefe de la Fuerza de Submarinos, Claudio Villamide, que -tras el violento temporal de la noche anterior- se iba a sumergir “a plano 40 para entrar al tanque de batería N° 3 y evaluar los daños” luego de haber sufrido un cortocircuito.

Clarín accedió al informe, que revela todas las comunicaciones del ARA San Juan. Los marinos explican que el plan de rescate se puso en marcha el 16 de noviembre a las 16.23, es decir 4 horas y media antes de lo previsto por el reglamento del sistema de alertas y emergencias que rige para los submarinos.

Como los submarinos son un arma estratégica que deben navegar sin ser detectados, no se comunican constantemente sino con una frecuencia mínima de 24 horas y una máxima de 72, en tiempos de paz.

El ARA San Juan durante 2017 ya había navegado 53 días con alrededor de 1.029 horas de inmersión y el recorrido de 7.499 millas náuticas (unos 15.000 kilómetros).

Había zarpado el 25 de octubre de Mar del Plata con la orden de enviar mensajes de seguridad cada 48 horas a la Fuerza de Submarinos que comandaba Villamide.

Luego de participar de un ejercicio con la flota de superficie frente a Ushuaia y otro frente a la boca del Estrecho de Magallanes, el 14 de noviembre a la medianoche el capitán de fragata Hugo Miguel Correa, Jefe de Operaciones del Comando de la Fuerza de Submarinos, recibió un llamado de Villarreal: el submarino “se encontraba navegando en superficie, en un temporal, porque había tenido un cortocircuito con principio incendio en la batería de proa”.

Incendio no significa que hubo fuego sino un problema en una batería seguramente por el contacto con el agua de mar que supuestamente entró por el esnórquel.

En la mañana del 15 de noviembre, en Mar del Plata se recibieron dos mensajes cifrados del San Juan.

El primero, de las 6, informaba el grado de la avería sufrida y la situación en que se encontraba: “Ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n°3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barras de baterías. Baterías de proa fuera de servicio. Al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedad de personal. Mantendré informado”.

En el segundo, a las 6:40, se decía que el submarino formalizaba la solicitud de cambio de recorrido (AVISS, en la jerga marina), informando su nueva derrota y las horas estimativas de regreso a Mar del Plata.

Y a las 7.19 ocurrió la conversación telefónica ya citada.

A las 7.40 el San Juan comunicó que recibió los dos mensajes telegráficos de la base de submarinos y a las 10.31 se produjo la explosión que se presume hundió al submarino que, luego de los 300 metros de profundidad, se empezó a estrujar por efecto de la presión del agua.

Sin saber nada de la explosión, a las 8.52 el jefe de la base de submarinos trasmitió por mensaje naval la avería del San Juan al vicealmirante López Mazzeo y a partir de ese momento comenzaron horas de tensión e incertidumbre.

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