El presidente francés Emmanuel Macron anunció ayer lunes, que el salario mínimo en Francia aumentará 100 euros por mes desde 2019. La decisión adoptada por el mandatario llega como parte de una batería de medidas para aplacar las protestas de los «chalecos amarillos».

Por lo pronto, Macron anticipó que será anulada la contribución social generalizada para los pensionados que ganan menos de dos mil euros al mes al considerar el «estado de urgencia económica y social».

Además le pidió a los empresarios que ayuden en estos momentos de convulsión social y que den un bono de fin de año a sus empleados, que no será gravado con impuestos ni con cargas sociales.

En la previa al anuncio, el mandatario se reunió con actores sociales y responsables políticos con el objetivo de hallar una salida a la crisis de los «chalecos amarillos» que en las últimas semanas puso contra las cuerdas al ejecutivo.

Unas 37 personas participaron de la reunión en el Elíseo, entre ellas estuvo el primer ministro Edouard Philippe y 12 miembros del gobierno, así como con sindicalistas, miembros de la patronal, presidentes de la Asamblea Nacional y el Senado y responsables locales.

La aparición pública de Macron, 48 horas después de la cuarta jornada de protestas de los «chalecos amarillos», modestos franceses sublevados contra la política fiscal y social del gobierno, es considerada clave para la opinión pública.

Macron, muy impopular, insultado en las manifestaciones donde se pide su dimisión, y que afronta la degradación de la economía francesa debido a los bloqueos de carreteras y cierre de comercios, necesita una vía de salida para apaciguar la cólera que ha ganado a parte del país desde hace más de tres semanas.

Por lo pronto, aún queda por verse cómo serán tomadas las medidas adoptadas por el Gobierno francés para aplacar las protestas a lo largo y a lo ancho de Francia.

La fractura entre los franceses parece cada vez mayor entre una parte de la población que se siente cada vez más pobre y asegura no ser escuchada por las «élites», y Macron, catalogado como «presidente de los ricos».

Los «chalecos amarillos» critican así la supresión del impuesto sobre la fortuna, adoptada por Macron al llegar al poder hace 18 meses, una medida consideraba un «regalo para los ricos».

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