El colecho se hizo viral, como práctica, como debate, como interés, en los últimos años. Alentado por la corriente de la crianza respetuosa y sus voceras, la práctica ancestral de dormir en una misma cama con los hijos volvió a ser costumbre y modo de vida para muchas familias argentinas. Padres y madres asisten a los consultorios de los pediatras con la inquietud, curiosidad o necesidad de «colechar», lo que llevó a la Sociedad Argentina de Pediatría a emitir un comunicado pronunciándose al respecto.

“Te doy un abazo mamá?” 😍🦄👩‍👧

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Fue la actriz Marcela Kloosterboer quien reabrió el debate. Habló abiertamente desde su experiencia sobre algunos temas de crianza y maternidad en el programa Cortá por Lozano (Telefe). La actriz, dedicada ahora a su rol de mamá tiempo completo, contó su experiencia con su hija Juana, de dos años, quien hasta hace poco compartía la cama con ella y su marido, Fernando Sieling.

A propósito de «colechar», Kloosterboer explicó por qué decidió ponerle fin: «No soy partidaria del colecho por mi marido. Ella Juana duerme, como muchos niños, atravesada en la cama, con la cara mirando hacia mí. Entonces, con los pies lo vivía pateando a él. Ahora ella duerme en su cuna, pero la dormimos en nuestra cama y de ahí, a la cuna. Por suerte, se queda allí toda la noche”.

Más allá de las experiencias particulares por las que atraviesan los padres, y con el absoluto derecho a que cada familia elija cómo convivir con sus hijos y cómo criarlos, consultamos a los especialistas sobre los beneficios o contraindicaciones de esta práctica cada vez más común.

Vía libre para colechar

Una voz oficial (fruto del consenso entre neonatólogos y pediatras reconocidos) se pronunció en el informe Colecho en el hogar, lactancia materna y muerte súbita del lactante publicado el año pasado por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Allí se contrastan diversos estudios y se resaltan los aspectos positivos del colecho, así como también los casos en los que resulta peligroso. El impacto de dormir en la cama con los hijos en la lactancia ha sido demostrado, y la lactancia materna tiene una función protectora con respecto a la muerte súbita del lactante.La SAP lo recomienda en todos los casos, salvo que intervengan los siguientes factores de riesgo: consumo materno de alcohol, drogas y cigarrillo; o en bebés prematuros y bajo peso.

Consultada por Entremujeres, Melina Bronfman, especialista en desarrollo infantil, crianza respetuosa y fisiológica, musicoterapeuta y eutonista, opina: «El colecho es la experiencia que todo bebé tiene la expectativa de tener, porque lo que el bebé necesita es un contacto permanente con su adulto de referencia, preferentemente, la mamá. Los bebés humanos nacen con un estado de prematuridad y dependencia mayor que cualquier otro mamífero, a causa de nuestro desarrollo cerebral. La fisiología tiene una expectativa, que es que exista una exterogestación, que haya una gestación, primero placentaria y, luego de nacido, que haya una gestación mamaria. Así como la gestación intrauterina era de día y de noche, la otra etapa, fuera del útero, también tiene que ser durante el día y la noche».

Todos coinciden en que la lactancia materna, pilar básico de la salud de los bebés en las primeras etapas, se ve favorecida con el colecho.

Sara Bustamante, coordinadora de los Servicios de Puericultura del Sanatorio Franchin, dijo a Entremujeres que considera ambos puntos de beneficio, el de la mamá y el del bebé: «Las mamás quieren y están encima de sus bebés, pero también necesitan descansar. Y todas las especies a la noche tienen miedos, no escapamos a esa regla y necesitamos estar cerca de mamá. Si encima practicamos una lactancia a libre demanda, el bebé no tiene horarios para alimentarse y, estando en contacto con él y estando en la cama, puede ofrecerle el pecho y descansar al mismo tiempo; eso es bueno, le quita a la madre estrés».

«La necesidad de lactancia es casi permanente en un recién nacido. Y esto se va completando con los meses y con los años. Estas necesidades satisfechas (el contacto con la mamá) generan un estado de paz interior que es beneficioso para el desarrollo cerebral, es crucial durante los primero tres años (se desarrolla el 80% del cerebro). El colecho ayuda a formar un ser humano confiado, con su estima alta, seguro de sí mismo y con un desarrollo y una percepción del mundo correcta, porque sus necesidades no son ignoradas (esto último produce un estado perceptivo bastante alterado). Ignorar las necesidades de los recién nacidos y de los niños pequeños tiene un efecto nocivo», agrega Bronfman.

«El colecho es una práctica que sostengo y facilito como opción; entiendo que como toda práctica que se da en una relación de crianza de dos o tres personas (mamá, papá, bebé), hay familias a las que les puede resultar y hay otras a las que no. Es saludable cumpliendo ciertos requisitos y favorece tanto a la mamá como al bebé», concluye Bustamante.

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