Un grupo especial viajó a Manaos, en un esfuerzo por detener la violencia.

Las muertes ocurrieron en un período de 24 horas entre el domingo y el lunes, y fueron confirmadas durante una inspección de la Secretaría de Administración Penitenciaria del estado de Amazonas y por el gobernador del estado, Wilson Lima.

Familiares de las víctimas esperaban ayer noticias sobre los fallecidos y la liberación de los cuerpos en la puerta del Instituto Médico Legal de Manaos, que aún no había conseguido identificar a todos. Los peritos analizaban impresiones digitales y de arco dental.

Con la muerte de estos 57 internos vuelve a salir a la luz la brutalidad de las cárceles brasileñas. En enero de 2017, casi 150 presos murieron durante tres semanas de violencia en el norte y noreste del país, mientras pandillas locales respaldadas por narcotraficantes se masacraron entre sí.

Los primeros 15 internos fueron hallados sin vida el domingo, en el Complejo Penitenciario Anísio Jobim (Compaj), el mismo donde 56 presos cayeron en la “guerra” de 2017. Habían sido estrangulados, ahorcados y acuchillados con puñales hechos con cepillos de dientes.

Otros 42 cuerpos fueron hallados el lunes -además de en Compaj- en el Instituto Penal Antônio Trindade, en la Unidade Prisional do Puraquequara y en el Centro de Detenção Provisória Masculino, la mayoría con “indicios de muerte por asfixia”.

Comentarios