La gorila Koko, capaz de comunicarse con los seres humanos, murió en la reserva en la que vivía y en la que había aprendido unas 1.000 palabras a través del lenguaje de señas. Además, era capaz de entender más de 2.000 en inglés.

La Fundación Gorila, de California, Estados Unidos, anunció que el animal, que era amante de los gatos, falleció mientras dormía. Nacida el 4 de julio de 1971, Koko llegó a los pocos años a la fundación y allí la psicóloga animal Francine Patterson le enseñó a “hablar”. Tal fue su desarrollo que, en una sesión de fotos para la revista National Geographic, tomó la cámara, apuntó a un espejo y tomó la foto que apareció en la portada.

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