Desde que en los años 80 la popular Dieta de la sopa prometiera adelgazar 5 kilos en 7 días, los regímenes basados en sopas, purés y cremas han ido reapareciendo de tiempo en tiempo, hasta coronarse como «souping», el sucesor de los zumos verdes que las modelos popularizaron.

Durante estas casi cuatro décadas, muchos estudios han probado los beneficios que puede tener seguir una dieta de esta clase, tanto si se quiere perder peso rápidamente como si solo se trata de mantener una alimentación más saludable. Pero los expertos también alertan de los posibles riesgos que implican, especialmente si se prolongan durante mucho tiempo. Dos dietistas nos explican cuáles pueden ser estos peligros y por qué estas dietas no son tan buenas como prometen, tampoco cuando buscamos adelgazar y desintoxicar el organismo.

La forma fácil de comer más equilibrado

«Las sopas y los purés tienen sus beneficios, ya que son platos sencillos de preparar y de tomar. Para las personas que les cuesta incorporar vegetales a su dieta, es una buena opción porque al procesarlos y cambiarles la textura, son más fáciles de consumir», afirma la nutricionista Laura Parada, directora del centro de belleza Slow Life House de Madrid.

«Un puré o una sopa incluso puede sustituir a una comida completa, siempre que se equilibren sus ingredientes», continúa. Para que así sea y tengamos la seguridad de que un único plato líquido es un reemplazo correcto de una comida completa, Parada señala explica que deberá incluir hidratos de carbono complejos -como verduras y cereales de grano entero-, proteína de alto valor biológico -como pollo, pescado o huevos- y grasas saludables que se pueden obtener de las semillas, el aceite de oliva o la palta. El porcentaje de cada grupo debería ser el que establece el llamado ‘plato de Harvard’, una recomendación muy utilizada por dietistas que marca que cada comida debe aportar 50% de verdura y fruta, 25% de proteínas y 25% de hidratos de carbono, además de una cucharada de aceite de oliva o la cantidad equivalente de otro ácido graso monoinsaturado.

 

Pero ¿sirven realmente para adelgazar?

Al margen de ayudar a comer equilibradamente e a incrementar el consumo de verduras sin demasiado esfuerzo, la dietista Victoria Lozada, autora del libro La buena nutrición y editora del blog Nutrition is the new black, señala una desventaja que los purés tienen frente a la comida sólida: su menor efecto saciante. «Aunque al hacer una crema o una sopa los nutrientes se mantienen, la fibra se rompe al licuar o triturar los alimentos, por lo que estos platos nos saciarán menos», explica Lozada.

Para la profesional, sí pueden ser un buen plato, pero siempre que se tomen como acompañamiento y no como sustituto de toda una comida. «Son muy prácticos en invierno, pero aconsejo alternarlos, no usarlos de manera diaria y que no sean nuestra única fuente de verdura porque nos pueden dejar con hambre y con ansiedad», una situación que podría arruinar por completo cualquier dieta.

 

Asimismo, ambas profesionales de la nutrición coinciden en que seguir una dieta basada en purés o sopas durante varios días no es recomendable.

«Puede llevar a un déficit nutricional si no se controla muy bien su composición, además de ocasionar consecuencias negativas para el sistema digestivo, como estreñimiento o gases», enumera Parada algunos de los peligros. En cuanto a sus promesas adelgazantes, Lozada explica por qué no deberían creerse al pie de la letra. «Con este tipo de dietas, se suele perder masa muscular y líquido y, aunque funcionen al principio y se adelgace, el efecto rebote al volver a tomar alimentos completos y sólidos puede ser enorme si no se hace de manera guiada».

Ambas dietistas, además, desmienten otro de las bondades generalmente asociadas a estos platos: su poder depurativo. «Ninguna sopa puede desintoxicar el organismo», afirman.

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