“Piensa siempre en lo siguiente más grande”, le aconsejó Eliel Saarinen a su hijo, Eero. Pero fue Pelli quien llevó el consejo que había recibido su maestro a su máxima expresión.

La compañía Kuala Lumpur City Center Berhad se formó para adquirir los terrenos de un viejo hipódromo. Allí se elevaría unas torres que todavía no estaban diseñadas. Como el socio más fuerte del grupo era la compañía Petronas, la petrolera del Estado, el primer ministro malayo jugó un rol clave en la selección. Buscaban unos edificios que representaran a su capital y a su país. “De los cinco países del Sudeste asiático, Malasia era el menos conocido. Entonces, para que el mundo supiera que estábamos aquí, necesitábamos algo espectacular y creímos con un edificio alto cumpliría esa función”, declaró el Primer ministro malayo que impulsó la construcción.

El estudio de Pelli fue elegido dentro de una lista de ocho candidatos, entre los que figuraban muchas de las firmas arquitectónicas más reconocidas del mundo. Su proyecto fue el que interpretó más fielmente la consigna de los clientes. “Tuve que meterme en la religión musulmana y en la cultura malaya para que esas torres pudieran ser percibidas como propias”, decía Pelli.

Las gemelas malayas rompieron el récord mundial de altura en 1996 con sus 452 metros, superando a las gemelas neoyorquinas y a la Torre Sears de Chicago. Todas las cifras de la Petronas son sobrehumanas. 160.000 metros cúbicos de hormigón, 65.000 metros cuadrados de revestimiento de acero inoxidable, medio millón de toneladas de peso, 32.000 ventanas, 1.200 millones de dólares de costo, 88 pisos, 78 ascensores. Allí viven y trabajan 10.000 personas. En sus 341.780 metros cuadrados de superficie útil -teniendo en cuenta que en diez caben apretadas 45 personas- entraría el millón y medio de habitantes de Tucumán.

Las Petronas están unidas por un puente, en los pisos 42 y 43, que simboliza la puerta de entrada de la nueva Malasia. Cada una de ellas parte de una base en la que se entrelazan dos cuadrados que configuran un diseño geométrico típicamente islámico, una estrella que en cada uno de sus ángulos tiene una columna cilíndrica de cemento armado de 2,4 metros de diámetro.

Pelli contaba que la carrera por la altura no estaba limitada por la tecnología de la construcción ni por la resistencia de los materiales sino por los costos y por la capacidad de los sistemas mecánicos de responder a las necesidades y tolerancias de la fisiología humana. Pero también creía que pronto veremos edificios de 200 pisos; o sea, de más de 1.000 metros. De hecho su estudio participó en un concurso fallido para construir una torre de un kilómetro de alto en Arabia Saudita.

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