Con la rutina, la familia, la edad y el estrés, el deseo y las relaciones sexuales pueden verse disminuidas. Nos acostumbramos a aceptar que, con el tiempo, el sexo​ merma y sólo queda el cariño, o que no hay tiempo, o que existen mayores responsabilidades. ¿Qué es lo que nos impide disfrutar del sexo despreocupado en la adultez? ¿Qué límites nos imponemos? Poner en juego los cinco sentidos para explorar el cerebro sería clave para estimular el deseo. Así lo asegura la psicóloga y sexóloga Mariana Kersz.

El factor orgánico de la falta de deseo sexual responde a un desequilibrio hormonal (como prolactina o testosterona) o alguna enfermedad de base como, por ejemplo, la diabetes. En estos casos resulta necesario realizar una consulta con un médico. Aún así, tratar los factores orgánicos no implica la solución definitiva, ya que las causas emocionales, que responden a situaciones como la infidelidad, el malestar en la pareja, la falta de comunicación, las dificultades en la crianza de los hijos, la falta de amor, etc. también pueden desencadenarse a raíz de un problema orgánico.

Sea cual fuere el motivo, se hace hincapié en la necesidad de evaluar miedos, mitos, tabúes, tipo de educación sexual recibida, fantasías, y religión de los miembros de la relación, por tratarse de factores que influyen e inhiben el deseo, afectando a la pareja.

Signos de baja del deseo sexual

Si bien son señales de alarma, no deben ser tomados en forma aislada, ni autodiagnosticarse y, ante un problema, sugiere consultar con un profesional. Se hace mención a:

  • Falta de interés en el sexo
  • Rechazo a las demostraciones de amor y erotismo por parte de la pareja
  • Disminución de los encuentros sexuales
  • Distracción de la persona en el momento de estar teniendo relaciones

La cultura, la educación y la religión influyen en el deseo, y va más allá de los tratamientos, por ejemplo, con hormonas. La falta de fantasías sexuales y la inhibición para tomar la iniciativa en un encuentro generan dificultades en la relación, porque se confunden con falta de interés en la pareja y afecta gravemente la autoestima de quien se siente rechazado. La importancia del sexo no está determinada en la frecuencia de las relaciones sexuales. Para muchas parejas, no es fácil encontrar el equilibrio adecuado entre los deseos de uno y otro sin caer en la frustración. Esto conlleva discusiones en el seno de la relación porque es un síntoma que trae uno de los dos, pero afecta a la pareja en su esencia más íntima.

Otras razones por las que se pierde el deseo

  • Anticipación negativa del encuentro sexual (“no me gusta” “no voy a poder”, “va a ser otra vez lo mismo”, etc.)
  • Concepción errónea de la sexualidad
  • Influencias de las normas sociales
  • Influencia de la educación religiosa
  • Pensamientos depresivos
  • Ausencia o poca presencia de pensamientos eróticos
  • Sentimiento de culpa, repugnancia o frustración
  • Desconocimiento del propio cuerpo y el cuerpo de tu pareja

El estrés, enemigo de las ganas

Ell estrés es uno de los principales enemigos de las ganas porque históricamente, y por falta de educación sexual, hemos idealizado al deseo como algo espontáneo, que nos pasa a todos y que a lo largo de toda la vida se mantiene más o menos igual. Este es un mito destructivo para las parejas, que esperan a que se resuelva y vuelva solo algún día.

La solución está en volver a ponerse de novios: abrazarse y besarse de manera sensual o erótica ayudará a volver a poner en marcha el deseo; y si hay miedos y temores, deben ser charlados en pareja para poder buscar primero una solución dentro de la relación y si no se logra, pedir ayuda a un profesional para obtener la respuesta que se está buscando.

El deseo fluctúa a lo largo de toda la vida; es vulnerable a las diferentes crisis vitales (el nacimiento de un hijo, una mudanza, una pérdida), a factores orgánicos (como desbalances hormonales o enfermedades) y no hay nada de espontáneo y natural. Por el contrario, el deseo sexual disminuye si no se lo activa regularmente. En el único momento de la vida donde el deseo puede ser pensado como ‘espontáneo’ es en la adolescencia, pero luego, con la rutina, el día a día, las obligaciones, el estrés y el pasar de los años, el deseo sexual disminuye y para recuperarlo, hay que ir a buscarlo. En este sentido, el deseo sexual puede ser pensado como una exigencia más.