A las 7.07 del domingo 16 de junio, una falla desestabilizó las conexiones entre las centrales hidroeléctricas de Yacyretá y Salto Grande, que dejaron de aportar energía al Sistema Argentino de Interconexión eléctrica (SADI). Por seguridad, de manera automática, se desconectaron todas las líneas de alta tensión y el país quedó a oscuras. A una semana, poco más se sabe del apagón más grande de la historia, que dejó sin luz a más de 48 millones de usuarios.

Durante las casi 15 horas que demoró el restablecerse el servicio, los argentinos aprendieron tanto del suministro de energía eléctrica como nunca antes. Primero se dijo que «falló» la generación, a cargo de las centrales. Pero rápidamente desde Yacyretá negaron esa hipótesis.

CAOS. El apagón provocó que los semáforos de la capital tucumana dejaran de funcionar.

Aunque el ministro de Energía, Gustavo Lopetegui demoró siete horas para brindar una conferencia de prensa, dijo que «se produjo una desconexión total» del sistema que iniciaron «las computadoras que rigen el sistema cuando detectan desequilibrios que podrían causar un daño mayor». En medio de esa explicación, que poco aportó, el funcionario afirmó que «en milisegundos se desconecta el sistema para protegerlo». Además afirmó que «no hubo intervención humana» pero admitió que «no sabe» qué pasó.

En ese punto de incertidumbre se sigue hoy, a la espera de que la investigación iniciada por el Gobierno arroje claridad a la situación. ¿Falló Transener (la compañía encargada de transportar la electricidad) o Cammesa (la mayorista que administra el despacho de esa energía? ¿Había plan «B»? ¿Puede volver a pasar?

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