El dueño de un Toyota GT-86, Scion FR-S, en EE UU, quiso sorprender a amigos y otros entusiastas del tunning con las sorprendentes modificaciones de su deportivo, mientras circulaba por una calla de la ciudad de Georgia.

Pero todo fue un enorme error.

Para empezar el enorme caño de escape (de dudoso gusto), unas llantas de aleación, de esas que en esta parte de América del Sur costarían tan caras como un auto mismo y unos neumáticos de perfil bajo, que convierten al coche en un objeto de deseo en cualquier reunión de amantes de la personalización de automóviles.

Pero hay un detalle que a simple vista nos da un poco de desconfianza, lo cual queda demostrado de manera explícita cuando intenta pasar un reductor de velocidad.

Ridículo.

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