Cerca de la medianoche, dos motochorros arrinconaron en la puerta de su casa a un joven para robarle la moto en San Cayetano. Un vecino que observó lo que estaba pasando, para ayudarlo, gritó: “¡Alto, Policía!”. Sin amedrentarse, los asaltantes comenzaron a hacer disparos y luego subieron a la moto y huyeron. A los segundos, se escuchó un griterío. Eran los familiares de Martín Quipildor, que había sido alcanzado por uno de los proyectiles de los asaltantes. Se encuentra en gravísimo estado. Su cuñado, que fue el que gritó, quedó sumido en una profunda crisis de nervios.

“Mi hijo volvía de trabajar y, cuando estacionó la moto para poder abrir la puerta y entrar a la casa, fue asaltado por dos tipos”, expresó Jorge López, el padre de un joven, quien lleva el mismo nombre, que fue interceptado por ladrones en Brígido Terán al 1.400.

La casa de la familia Quipildor, de 29 años y chofer de la Línea 124, se encuentra en construcción, y uno de los cuñados de Martín estaba subido en una tapia cuando vio que dos desconocidos estaban asaltando a su vecino. Ante ello, atinó a gritarles para que se fueran. “Ellos, en vez de irse, dispararon contra la casa y esa bala impactó en Martín. Es una pena realmente y lamento mucho que haya pasado eso. Agradezco que mi hijo se encuentre bien”, manifestó.

Según contó López, su familia, que se dedica a la venta y arreglo de heladeras, estaba en el interior de la casa esperando que Jorge regresara del trabajo. “Escuchamos un ruido como de un disparo, pero nunca nos imaginamos que a mi hijo le estaban robando. Después, él entró para contarnos que le habían sacado la moto y que habían baleado a nuestro vecino. Fue terrible”, agregó el señor.

“Todos los días, Jorge va en su moto o en la mía al bar en donde trabaja. Ya lo asaltaron muchas veces, aunque en esta oportunidad fue violenta; estaban armados. ¡Vivimos con miedo! No puede ser que los políticos digan una y otra vez que van a mejorar el tema de la seguridad, cuando en realidad sólo es por campaña. Acá, nadie hace nada y abundan los robos”, expresó. Entre lágrimas, López lamentó lo que le pasó a Martín y pide que se haga justicia.

“Tierra de nadie”

De acuerdo a lo que contó Marcelo, un vecino de la cuadra, el barrio es “tierra de nadie”. “Acá nadie nos ayuda y la Policía ni aparece. Estamos desprotegidos. El chico Martin es excelente persona y laburante, mira cómo se dan las cosas… le dispararon cuando no tenía nada que ver y ni siquiera estaba en el lugar. ¡Estaba adentro de su casa!”, relató.

“Los comercios de la cuadra cierran cerca de las 22, y esto (por el ataque) ocurrió cerca de la medianoche. Las calles están vacías y estos tipos aprovechan. Martín recién había vuelto del trabajo y hacía minutos que había entrado a su casa. Ojalá se salve”, agregó Marcelo.

El hombre, además, dijo que la familia Quipildor, al momento del disparo, no se había dado cuenta de que Martín había recibido un disparo. “La familia salió a ver qué había pasado y después de unos minutos, lo vieron tirado en el garaje a Martín. Para no esperar a la ambulancia, que siempre se demora mucho, lo subieron en un automóvil y lo llevaron al hospital Padilla”, indicó.

Por su parte, la dueña de una panadería, que es amiga de la familia Quipildor, mientras algunos vecinos hablaban sobre lo ocurrido, repetía una y otra vez: “sí se va a salvar”. La mujer además contó que hace menos de tres meses, un vecino recibió tres disparos cuando intentaban robarle un teléfono celular. “No se puede vivir así. Necesitamos protección”, dijo la señora.

Coma inducido

Las autoridades del Hospital Padilla informaron que el chofer se encuentra en grave estado y permanecerá internado con asistencia respiratoria. En la puerta del centro asistencial, familiares, amigos y compañeros de trabajo del joven rezaban por su recuperación.

SEÑAL DE FUEGO. Los peritos marcaron uno de los orificios provocados por los disparos de los atacantes.

“Él llegó consciente, pero muy dolorido porque la bala le tocó el cerebro. El proyectil aún está alojado en la cabeza. Le indujeron el coma para ver cómo evoluciona. Pero está muy grave”, indicó una tía de la víctima.

Los colegas de Quipildor no podían recuperarse del golpe que significó haber recibido semejante noticia. “Estamos todos quebrados. Es increíble lo que pasó. Si no te matan en un asalto, te pegan un tiro en la cabeza porque estás cerca de donde se produjo un robo. En algún momento hay que decir basta”, enfatizó Máximo Herrera.

Hugo Rivadeneira también alimentó las críticas. “Como choferes, nos jugamos la vida en nuestro trabajo todos los días. Es el colmo que ahora no puedas estar en tu casa sin que te lastimen estos delincuentes”, concluyó. (Por Luciana Nadales)

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