Riesgo-país récord, mercados atentos

Una pregunta resume la preocupación de los operadores en el arranque de los últimos tres días de mercados del año. ¿Qué va a pasar con el riesgo-país? El indicador que elabora JP Morgan para la Argentina superó los 830 puntos básicos (832 el lunes) y los seguros contra un default de la deuda soberana del país (CDS) también pasaron los 800 dólares. Un alza que disparó al EMBI Arg más de 100 bps desde los 704 bps de fin de noviembre. Y más del doble desde los 350 del cierre de 2017.

Mucho se ha escrito para ensayar una explicación de las posibles causas: el riesgo político que representa para Wall Street un eventual regreso de Cristina de Kirchner; el riesgo macro por las inconsistencias de la economía, gane quien gane las presidenciales de 2019; el impuesto a la renta financiera…

Poco importa la disección del indicador. Lo gravitante es lo que está diciendo: manifiesta las dudas de que el país pueda contar con los recursos suficientes para atender en tiempo y forma los compromisos de la deuda más allá de 2019.

Argentina sorteó un eventual default este año gracias al mega préstamo del FMI. Los u$s57.100 millones fueron concedidos de manera extraordinaria al país para ganar tiempo y pueda concretar las reformas estructurales que no hizo en los primeros dos años del Gobierno de Cambiemos.

Esos dólares del FMI se suman a los que desde 2016 acercaron los fondos internacionales, confiando en que, en un par de años, las reformas que implementaría Mauricio Macri llevarían a un escenario de consistencia macro y revalorización de la deuda.

Nada de eso sucedió. Hoy el país vive financieramente gracias al pulmotor del FMI. Los desembolsos del stand by cubren, en principio, las necesidades financieras de 2019. Pero el Fondo le sacará las rueditas a la bicicleta Argentina en 2020 y a partir de ahí mandarán los números de la realidad.

Argentina tiene un déficit primario equivalente a u$s887 millones mensuales, según el dato oficial de noviembre. Hacienda se comprometió a reducirlo a cero en 2019. Muchos en el mercado se permiten dudar de ese objetivo: no recuerdan algo parecido en un año electoral. Una recesión más prolongada complicaría las estimaciones de recaudación y la corriente de El Niño afectaría la producción de dólares del campo.

El déficit financiero, que incluye el pago de intereses de la deuda, por su parte, suma u$s1.915 millones. Según el balance cambiario del Banco Central, la salida de dólares en concepto de intereses se catapultó en los últimos meses: u$s390 millones en septiembre, u$s980 millones en octubre y u$s1.261 millones en noviembre.

La necesidad de financiamiento anualizada por el déficit “all inclusive” superaría los u$s33.000 millones. El cuadro presentado al FMI en la última revisión reconoce un gap de u$s26.208 millones para el año próximo.

Claro que esa cuenta supone una importante renovación de vencimientos privados, supuesto fuerte para la deuda cuyo rollover caiga luego de las primarias de agosto. Y, además, prevé el uso de reservas internacionales por u$s 7.733 millones.

En el medio están las elecciones presidenciales. Aunque no se definieron aún los candidatos, las encuestas manejan dos opciones: una populista, encarnada por Cristina , y una de continuidad de las reglas de mercado, representada por Macri.

En Wall Street asocian a Cristina con un repudio de la deuda y la vuelta a la economía controlada. Quizás vean en Macri la contracara, aunque en caso de ser reelecto, el actual Presidente se verá obligado, con mejores modos, a renegociar los compromisos, con el FMI y los acreedores privados.

El resultado sería el mismo. No es casual que la cotización de los CDS esté por arriba de u$s800. Y que la deuda que vence en el primer semestre de 2019, como el AA19, rinda como un bono triple A y lo que madura desde 2020 supere 11% (AA21) y llegue a picos de 15% anual (AY24).

La decisión de desarmar carteras no parecería ya relacionada con una reglamentación más o menos dura del impuesto a la renta financiera. Es más, podría acentuarse luego de la foto contable del 31 de diciembre que permite esquivar Bienes Personales.

Hay quien sostiene que el castigo a los bonos fue excesivo y resulta inconsistente con un dólar en $38. Está atento a cómo se resolverá: o baja el riesgo y caen los rendimientos o sube el tipo de cambio.

A todos preocupa la escalada del riesgo-país. Es el espejo que refleja la caída de los bonos argentinos, que compraron inversores particulares e institucionales y forman parte del capital de las entidades financieras. En realidad, la pregunta que hacen es ¿cómo se baja el riesgo-país?

La mejor respuesta quizás pase por despejar las dudas acerca de las posibilidades de que el país pueda cumplir con sus obligaciones más allá de 2019. Y para eso hay solo un par de caminos posibles, toda vez que los expertos auguran un contexto internacional difícil para los mercados emergentes en los próximos dos años.

Descartado el ajuste para corregir las inconsistencias macro y la llegada de nuevo financiamiento privado, solo quedaría disponible un compromiso del FMI más explícito que el “si Argentina necesita vamos a estar allí acompañando”.

Por ahí es demasiado, pero si pudiera, lo que un colectivo de los mercados le pediría a los Reyes Magos sería un anuncio del FMI considerando un acuerdo precautorio de magnitud suficiente como para cubrir las necesidades de 2020 y 2021 y así aventar el fantasma del default. Condicionado, claro está, a la continuidad de las políticas monetaria y fiscal y a la puesta en marcha de las reformas estructurales pendientes.

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