River Plate paseó su jerarquía de campeón también por Asunción y logró la clasificación a las semifinales de la Copa Libertadores de América, instancia en la que se cruzará con Boca Juniors, tras empatar 1 a 1 con Cerro Porteño, con un gol del ayer detenido por un episodio policial Nicolás De la Cruz.

River la pasó mal desde su llegada al hotel en Paraguay el miércoles, Nico De la Cruz fue detenido, hinchas extraños entraron al entrenamiento, tiraron bombas de estruendo en cercanías del hotel. También la pasó mal River durante el primer tiempo del partido, cuando ya a los 8 minutos Cerro Porteño logró ponerse en ventaja tras un centro del argentino Joaquín Larrivey que conectó de «palomita» el experimentado Nelson Haedo Valdez para dejar a su equipo a un tanto de llegar a la definición por penales, con «una vida» por delante.

Es que en el resto de la primera etapa River no encontró los espacios para sacar la contra y por contrapartida su rival, dirigido por Miguel Ángel Russo, le metió presión y merodeó el área de Franco Armani con real peligro, obligando a un par de intervenciones exigidas del arquero. Pero con el pitazo del final del primer tiempo del árbitro se terminaron los sufrimientos para River, ya que bastó una «lavada de cabeza» del «Muñeco» Gallardo en el vestuario para que todo volviera a la «normalidad» para River, que es lo mismo que decir su buen juego y su paleta multicolor de recursos.

Y como para hacer más épica su épica de estos tiempos «gallardianos», a los 8 minutos de esa etapa final llegó Matías Suárez, uno de los grandes aciertos del técnico a la hora de decidir contrataciones, en un mano a mano con el ex arquero de River Juan Pablo Carrizo, que ganó en primera instancia, pero del rebote apareció De La Cruz, justo a él le cayó la pelota, para que con un derechazo alto transformara el sufrimiento en alegría.

Y aunque quedaba mucho por delante, el mazazo fue letal para Cerro Porteño, que ya debía llegar a cuatro goles para atrapar la clasificación a semifinales. Demasiado para este River que por entonces era pura solidez y amenazaba con llevarse más que ese empate «a priori» más que suficiente.

Así, cuando el final estuvo resuelto y el partido pasó a ser otro hito más en la frondosa historia contemporánea de este River de Gallardo, ni siquiera hubo efusividad en el festejo. Apenas saludos de satisfacción entre jugadores y cuerpo técnico.

Y a pensar en Boca, pero en el superclásico del próximo domingo, por la Superliga, ya que para el otro, que como éste también se jugará por la ida en el Monumental, hay tiempo hasta el 2 de octubre.

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