Atlético perdió 2-0 con goles de Reinoso y Barboza ante The Strongest en la altura de Bolivia, pero quedó con vida para la revancha del próximo miércoles en el José Fierro. El Decano aguantó, pero no pudo con la altura que tuvo un papel fundamental, como generalmente sucede.

No es fácil: claro que no es fácil. La altura probablemente haya sido un rival más difícil que el propio The Strongest para Atlético Tucumán. El equipo del Ruso Zielinski bancó bastante bien la parada hasta donde pudo: promediando el segundo tiempo los 3.640 metros sobre el nivel del mar empezaron a pesar toneladas en las piernas de los tucu y así se cumplió una de las máximas universales de lo que el imaginario entiende por jugar al fútbol en esas condiciones.

Ya un rato antes del golazo que hizo el brasileño Willie Barbosa con previa asistencia de taco y caño de Jair Reinoso a Risso Patrón el partido se le hacía cuesta arriba al Decano: el Oso Sánchez, acaso el mayor responsable del 0-1 por una mala salida era la figura del equipo. Y tenía sentido: los que tenían que correr ya no daban más. El arquero fue quien salvaba una y otra vez al equipo. Casi lo hace, de hecho, en la definición de Barbosa que alcanzó a manotear sin éxito.

La proeza de ganar en La Paz, parece, es algo así como son los eclipses de sol: fenómenos que se repiten una vez cada muchos años. Y Atlético tenía el antecedente de aquella victoria inolvidable en la fase de grupos de la Copa Libertadores 2018 (2-1): los rayos no caen dos veces en el mismo lugar.

Cuando bajó la intensidad, cuando las piernas ya no daban más, cuando Erbes ya no se hacía patrón en la mitad de la cancha y cuando Cabral y Gissi no ganaban tanto los cruces, el equipo del Ruso debió rezar para que los jugadores de The Strongest hicieran gala de sus propias limitaciones para definir el partido.

Así fue la mayoría del tiempo: el 0-2 terminó siendo casi un regalo para Atlético por la cantidad y la calidad de las chances que falló al final el equipo boliviano. Y así la derrota golpea pero rápidamente le dará lugar a la ilusión: el miércoles que viene desde las 21.30 y en un estadio que va a ser como una olla a presión, el Decano buscará dar vuelta una historia que será bien distinta a la de anoche.