Una de las investigadoras del Laboratorio de Investigaciones y Servicios Analíticos (LISA) quedó pasmada cuando, durante un viaje en ómnibus, un vendedor ofrecía pomadas supuestamente con aceite de cannabis a $100. En Argentina no es legal vender productos derivados del cannabis, pero en Tucumán suelen escucharse vendedores ofreciéndolos a viva voz, a la salida de los bancos, a la vista de todo el mundo.

La investigadora compró un pote de estas pomadas y la llevó al laboratorio. El resultado: ningún cannabinoide detectado en el cromatógrafo, el aparato especializado para encontrar sustancias. Es decir, era una doble estafa: por la venta ilegal de un producto y por falsear su composición.

«Lo único que tenía era salicilato de metilo, es decir, el mismo producto que tiene el átomo desinflamante y similares. En este caso no implicaba un riesgo más que la estafa a la gente, pero en los casos en los que venden aceites supuestamente de cannabis, ¿sabemos en realidad qué está consumiendo la gente?», se pregunta Alicia Bardón, ex rectora de la UNT y titular del laboratorio de doble dependencia Universidad – Conicet.

Doctora en Química, Bardón decidió iniciar un proyecto de investigación -al amparo de la Ley 27.350-  sobre los aceites de uso medicinal que circulan en el medio. «El hecho es que personas con distintas dolencias compran de fuentes que no conocen aceites y productos con fines medicinales, pero nadie puede decir con precisión qué tienen esos productos. La única manera de saber cómo están compuestos es con las herramientas de un laboratorio especializado», explica la experta.

«Desde el momento que salió la ley de Cannabis Medicinal decidimos hacer nuestro aporte en la investigación. Pero no podemos investigar nada si no sabemos primero qué es lo que circula en el medio, qué consume la gente. Lo primero es saber qué están consumiendo las personas», señaló.

 

Una muestra lista para ser analizada. Julio Marengo / LA GACETA

Estudio anónimo y confidencial

Las personas interesadas en testear la composición de los aceites que compran o producen llevan el producto al laboratorio, donde les toman una muestra de apenas dos gotas. «Es un estudio anónimo y confidencial. No es nuestra tarea saber cómo ni por qué lo obtienen. Sólo sabemos que tiene un interés medicinal y les informamos cómo está compuesto», explicó.

Los resultados suelen estar listos en 48 horas y tiene un costo de $900 para el solicitante. Hasta el momento, recibieron solamente 22 muestras, en general de grupos interesados en la temática del cannabis medicinal. «En la mayoría de los casos tenían mayor composición de THC que de CBD y en todas las muestras las composiciones eran dispares. Hay una gran dispersión entre cada aceite», señaló Bardón.

El modelo en el que se basaron es el procedimiento definido por la Universidad Nacional de Rosario, pionera en esta materia. «Estamos armando un proyecto con nuestra Facultad de Agronomía para ver la posibilidad de armar un cultivo en condiciones controladas, para avanzar en las investigaciones. Para esto se necesitan semillas homologadas. Pero, mientras tanto, es importante saber y que la gente sepa qué está consumiendo», finalizó.

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