“Nadie puede asegurar qué pasará este domingo”, dicen los políticos experimentados, tanto del oficialismo como del kirchnerismo. En la Casa Rosada la mayoría apuesta a un buen resultado “a lo sumo perder por 2 o 3 puntos” y creen que Alberto Fernández no superará el 40% de los votos. Estiman que la polarización en el voto ya alcanza el 80% del electorado y que las terceras fuerzas no lograrán concitar mayor interés, aunque este análisis quizás sea más wishful thinking (un deseo) que realidad.

En tanto, en las filas del Frente de Todos estiman que la sociedad le dará el voto por la esperanza (un futuro mejor) y por el rechazo al Gobierno. En síntesis, ambas fuerzas apuestan a que el domingo a la noche van a celebrar el resultado electoral.

Las terceras fuerzas, Roberto Lavagna, José Luis Espert, la izquierda, entre otros, buscan que aquellos que “no quieren ni a uno ni a otro” se inclinen por el voto positivo, es decir votar por quien le gusta.

Pero todos comparten la incertidumbre de no saber qué mensaje darán los argentinos a la dirigencia política. Nadie puede asegurar que los hechos de corrupción del gobierno anterior pesarán más que las dificultades económicas a la hora de depositar el voto, aunque no hay muchos casos en la historia en los que el oficialismo salga victorioso en medio de un mal escenario económico.

Solo el miedo a que vuelva el populismo explica que Macri tenga la posibilidad de ser reelecto”, sostienen analistas políticos.

La otra gran duda, que ni siquiera en la Rosada se atreven a despejar, es qué pasará con el votante desencantado con el gobierno de Macri. El desencanto no es solo económico, algunos también le reprochan haber mantenido “vivito y coleando al kirchnerismo”.

“Esta no es una elección más”, comentan en la City. Es que el mercado teme que un resultado muy a favor de la formula opositora provoque una mayor demanda de dólares. Saben que el BCRA tiene herramientas para hacerle frente pero, si se diera un escenario de estrés cambiario, se generaría inestabilidad y esta situación complicaría las posibilidades del gobierno. Una eventual mayor demanda de dólares provocaría un impacto sobre los precios, determinando más problemas con el poder adquisitivo y la actividad económica.

Están circulando entre los analistas de mercados encuestas que señalan la probabilidad de una victoria del kirchnerismo basada en que la economía en los grandes centros urbanos concentra la mayor cantidad de adherentes al peronismo.

Si bien cierta alteración financiera podría pensarse que beneficiaría en parte al candidato del Frente de Todos, la intranquilidad sobre qué camino económico podría seguir esta fuerza llevaría –se especula- a que Alberto Fernández acelere la presentación de su plan económico y de su equipo.

En tanto, si la diferencia a favor de Macri es importante, puertas adentro de la Rosada sostienen que esta situación debilitará al Frente de Todos, porque estiman que algunos dirigentes comenzarán a “fugarse” de este espacio. “Qué creen que harán una gran mayoría de intendentes o gobernadores”, se preguntan.

También prevén que dentro de la fuerza política comenzarán a echarse culpas y responsabilidades. Piensan que algunos culparán de un mal resultado a Alberto Fernández y otros a Sergio Massa, es decir a quienes no son del riñón “K”. Quizás este análisis también entre en la categoría de “wishful thinking”.

Lo cierto es que, en función del resultado, el lunes los ojos estarán puestos en el sistema financiero.

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