Más allá de que las autoridades locales finalmente lograron una mayor flexibilidad por parte del FMI que les permitiera utilizar sus dólares de manera discrecional para evitar nuevos saltos cambiarios, los inversores recibieron dicha estrategia con cautela al dividir sus implicancias de corto y mediano plazo.

Ello se debe a que otorgarle mayor capacidad de intervención al BCRA ya no sólo en el techo de la ¨zona de no intervención¨, sino también dentro de la misma y por montos a ser definidos, tiene por objetivo calmar a la divisa tras volver a vivirse jornadas de elevado nerviosismo que acentuaron la dolarización de carteras.

Dichos posicionamientos defensivos, que dispararon los agresivos desarmes de activos financieros – y así es que sufrieron fuertes caídas – llegaron en especial impulsados por grandes inversores del exterior, al decidir cerrar sus apuestas en un ambiente de creciente incertidumbre electoral que lejos luce de despejarse.

Aunque de manera mucho más tímida, también ya se observaba un menor dinamismo por parte de los ahorristas locales que podría anticipar una menor renovación de plazos fijos, no sólo por los ruidos políticos y económicos, sino también por la escasa tasa real que aún obtienen en un ambiente de alta inflación, al ubicarse más de 20 puntos porcentuales por debajo de la tasa Leliq ante el amarrete traslado de los bancos.

El fuerte respaldo del FMI, incluso ¨pasando por alto¨ la rígida política de utilización de sus recursos únicamente para la cancelación de pasivos, tendría asociado claramente la preferencia del organismo por la continuidad de la actual administración, y de ahí las sucesivas flexibilizaciones validadas en los acuerdos.

A pesar de ello, e incluso pudiendo asumir que esta mayor capacidad de intervenir del BCRA pueda alcanzar una coyuntural mayor calma cambiaria en los próximos meses, los inversores no están reaccionando de manera favorable ya que crecen las preocupaciones por los efectos colaterales de esta medicina cambiaria.

Ocurre que a medida que se intensiquen las ventas de dólares, en busca de domesticar a una demanda por cobertura que puede ganar ritmo con el correr del calendario electoral, por otro lado mirando hacia el post-elecciones se anticipan menores reservas para atender los compromisos financieros, sobre todo en caso de no lograrse reanudar a tiempo el acceso al crédito voluntario externo para cubrir las necesidades.

Dicha preocupación se refleja claramente en el riesgo país -que sigue cerca de los 1.000 pb.- además de una curva invertida aún ante la compra de títulos cortos desde organismos públicos, dado que los dólares del FMI en esta nueva etapa hasta las elecciones se convertirán en una sábana cada vez más corta, al deber atender múltiples objetivos (cambiario, financiamiento) y además podrían ir agotándose anticipadamente.

Dentro de dicho delicado equilibrio, no es que los inversores no reconocen ni valoran la importancia económica de transitar esta etapa de incertidumbre con la mayor calma posible, sino que se preocupan por el hecho de que ¨usar muchas municiones¨ dejaría menos margen de acción con posterioridad.

Es por ello que de ahora en más se monitoreará mucho más de cerca la evolución de las reservas netas, ya que en caso de enfrentarse episodios de volatilidad cambiaria que lleven al BCRA a intervenir ante una escalada desordenada del dólar quedarían menores divisas, y ello perjudicaría la capacidad de pago futura.

Con dicha nueva variable sumada al ¨kit financiero local¨ -junto al dólar, la tasa Leliq, la inflación, el riesgo país, entre otras- que deben cargar en sus mochilas, además de seguir los mercados externos, los operadores podrían acentuar la cautela y también la sensibilidad a cada una de sus cotidianas lecturas.

En una crisis de confianza como la actual, que combina tanto la política como la economía del pasado, presente y futuro, los inversores deberían adoptar estrategias defensivas hasta que se despeje el panorama y así se puedan definir escenarios que permitan volver a gestionar sus carteras en un clima de normalidad.

A la espera de dicho momento, para el cual puedan restar todavía ¨largos meses¨ por delante, la prudencia debería seguir privilegiándose, ya que el principal objetivo sería la preservación del capital, toda vez que en estos contextos los flujos mandan sobre los fundamentals y las valuaciones, aún cuando luzcan castigadas.

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