Quien no se crea ansioso que ya mismo cuente hasta 3 antes de seguir leyendo. Todo somos ansiosos. Pero un ataque de ansiedad no es mirar varias veces el celular esperando que el otro responda a una historia publicada. Tampoco los kilos picoteados “por nervios” entre comidas.

Un ataque de ansiedad es sentir que se cierra el pecho: que por un momento -2 minutos- el mundo se está por acabar.

Cuando interfiere en cada esfera de la vida, cuando sobreviene ese agobio en diferentes momentos del día, se convierte en una patología.

Uno de cada tres argentinos presentó un trastorno de salud mental a lo largo de su vida, en promedio, desde los 20 años. Y los de ansiedad son los que más se repiten. Pero sólo el 16,4% llegó a algún tipo de consulta médica. El resto jamás lo habló con un especialista porque lo toman como algo “normal” y «pasajero» o porque están mal diagnosticados: los confunden con otra dolencia. Los datos surgen del primer Estudio Epistemológico Nacional de Salud Mental,

realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) a través de un convenio con el Consorcio Internacional de Epidemiología Psiquiátrica de la Organización Mundial de la Salud. Las más de 4 mil encuestas realizadas en Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Corrientes, Resistencia, Salta, Tucumán, Mendoza y Neuquén fueron presenciales, a mayores de 18 años y representan al 50% de la población del área urbana. Se excluyeron a hospitalizados e individuos en situación de calle diagnosticados con ansiedad.

«Lo que ocurre en la Argentina, que el grupo de trastornos de ansiedad es el más prevalente, no ocurre en otros países. Es muy llamativo», dijo a Clarín Alfredo Cía, psiquiatra y primer autor del estudio que fue publicado en marzo en la revista científica Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology y contó con el apoyo de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). Según el estudio, al tope de los diagnósticos aparecen las fobias específicas (6,8%), sigue la ansiedad generalizada (3,9%), los trastornos de ansiedad por separación (3,1%), el trastorno obsesivo-compulsivo ( 3%) y en menor medida el trastorno por estrés postraumático, la fobia social, los trastornos de pánico y la agorafobia.

«Los médicos deberían estar más atentos frente a estas patologías que se empiezan a estudiar más en profundidad. Ya que los datos poblacionales se obtuvieron en 2015, con 200 encuestadores a domicilio, durante 5 meses. Lo que indica la dificultad para su análisis y procesamiento», detalla Cía.

El informe, explican sus autores, buscó estimar las tasas de prevalencia y la severidad de los cuadros a lo largo de la vida: cuándo empiezan, la demora en buscar asistencia y la eficacia de los servicios de salud.

Las mujeres tuvieron un 85% más de probabilidades que los hombres de padecer ansiedad. «Tenemos una oscilación hormonal permanente durante todo el mes y toda la vida. Eso nos hace ser más ansiosas. Pero mientras que antes el 90% de las consultas eran de ellas, ahora estamos casi en un 50 y 50. Consultan más hombres porque, por suerte, ahora las mujeres hablamos más. Podemos ‘liberar’ lo que nos pasa. Ellos, en cambio, son menos yendo a terapia y no hablan de sus problemas entre sí», detalla la psicóloga Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA).

El trabajo también concluye que la Argentina necesita implementar estrategias para que los sujetos que sufren de algún tipo de trastorno mental inicien un tratamiento. Y también para reducir la demora en el inicio del mismo. “Son un valioso insumo para la planificación sanitaria”, afirmó Cía.

Ante la falta de estadísticas locales sobre ansiedad, el Ministerio de Salud de Nación realizó un comparativo para Clarín con datos de personas egresadas de los hospitales públicos con trastornos mentales entre 2005 y 2014: En 2005, el 9,75% del total respondía al diagnóstico de trastornos de ansiedad y la cifra aumentó significativamente hasta 2014: donde acumuló una proporción de 11,84%. Este diagnóstico es el principal en menores de 14 años, mientras que ocupa el tercer lugar en las personas de 15 a 49 años y mayores de 65 años, y la cuarta de 50 a 64 años.

A su vez, en el estudio de epistemología, la edad promedio de aparición de algún trastorno fue de 20 años. Lo que habla de un Inicio temprano de enfermedades psiquiátricas en Argentina.

Detrás del combo de patologías de ansiedad aparecen, en segundo lugar, los trastornos del estado de ánimo (12,3%), que incluyen el trastorno depresivo mayor, la bipolaridad y la distimia (tristeza crónica). Y en tercer lugar, los trastornos por abuso de sustancias, que sí fueron más frecuentes en hombres.

De las personas estudiadas, el 29,1% presentaba un solo diagnóstico, el 12,6% dos o más diagnósticos y un 5,7% tres o más. “Esta investigación permite adecuar mejor la oferta de servicios de atención, aportar a la prevención y orientar la formación de profesionales. Queremos luchar contra el estigma que tiene la enfermedad mental, la incomprensión, que es un agregado al propio sufrimiento del paciente”, siguió Stagnaro.

Según la World Mental Health, que este año entrevistó a 51.500 personas de 21 países, sólo 1 de cada 10 pacientes con ansiedad recibe el tratamiento adecuado. Esto sería «aquel que incluye o bien un tratamiento farmacológico con al menos cuatro visitas al médico o bien un tratamiento psicoterapeútico que incluya como mínimo 8 visitas». Un correcto tratamiento de esta patología evitaría la cronificación y disminuiría la comorbilidad, es decir, que la ansiedad en cualquiera de sus formas conviva con otras enfermedades mentales como, por ejemplo, la depresión.

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